Ni
Marx podía anticipar la plusvalía de ganar más trabajando menos, con la
estafa de Lacan en sus sesiones breves. Invierte la demanda sin dar
oferta, el negocio soñado del capitalista anulando los tiempos a mera
"lógica" anti-cronológica.
Cuando
un taxímetro adulterado te estafa, al menos alcanzas a ver lo que te
están estafando diacrónicamente. Pero con Lacan la estafa es peor, pues
sincrónicamente no sabes el tiempo de estafa de su conductismo de corte
abrupto que obliga abortar el auto-consultorio.
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