viernes, 24 de abril de 2026

El imperativo dogmático de Lacan usando Antígona: Apología a la muerte (Parte 2)

2)- Para dilucidar ese imperativo que Lacan adoctrina en su caprichosa ética de "no ceder al deseo", conviene que distingamos el acto de la Anorexia con el de Antígona desde una lectura Freudiana, para así, denunciar la moralina de Lacan que no ayudó a mejorar en nada a la formidable obra de Freud.

Como vimos, Antígona se desprende de su cuerpo por la causa para su hermano. La Anorexia se desprende de su cuerpo para "no comer" atrapado en lo visual en cuanto verse "delgada-cadáver" como ideal. Su "no comer" es un intento de ser puro espíritu, pura voluntad, puro sujeto del deseo sin el lastre de las necesidades biológicas. En ambos casos, tanto la Anoréxica como Antígona lograron aislarse respecto a los "bienes" y a las "opiniones" del mundo en un cierre narcisista.

En este sentido, el ideal del yo en la Anoréxica sería más "Antígona" que nadie, porque lleva el desprecio por la vida cómoda en "Bienes" y rechaza las "opiniones" de la polis. En lo clínico ya lo sabemos: ¿Cuántas veces a una anoréxica le dicen que se ve mal por lo flaca o delgada? Pero al final, la anorexia ni se inmuta con el “bien comer, pues sigue "sin ceder", sin tumbarse ante la opinión del prójimo o del resto.

Resumiendo lo dicho, Antígona, en su supuesta "belleza", no es estética, es el brillo como "resplandor" en alguien que ya se desprendió de su cuerpo para algo "más allá" de lo vivo (más allá del principio del placer). La anoréxica, en cambio, está en una lucha con su narcisismo especular congelado.

Volviendo a la ética, siguiendo aquel embrollo moralizante dogmático de Lacan: ¿Qué supuestos mediante sugestión idealizada tendría ese "no ceder" un acto supuestamente liberador?

Lacan nos respondería que la ética de Antígona es una Ética a la Verdad, mientras la "ética" de la anorexia (por llamarla así) sería una Ética de la Resistencia Imaginaria.

La anoréxica tiene el germen de Antígona en su rechazo a ser fagocitada por los "bienes comunes" y la opinión del "buen decir". Pero mientras Antígona usa ese rechazo para fundar su Ley ancestral, la anoréxica usa su Ley para detener el tiempo. En ambas, la "herramienta ética" se oxida y se convierte en su propia celda narcisista ideal. Podríamos decir que la anoréxica es una Antígona que se quedó atrapada en el espejo, sin poder salir nunca a enterrar a su hermano y la Anoréxica encerrada dentro de una fotografía ideal inmortalizada.

Para Freud, la anoréxica no está fijada solamente a lo visual (Yo ideal), está también atrapada en lo pulsional (Ello) y en su Ideal del Yo (con su Súper Yo). Pero Lacan dirá que la Anorexia quiere ser el resto absoluto que el Otro no puede Demandar al Otro (come). Mientras Klein, más lúcida que Lacan nos dirá que rechaza y/o vomita el pecho malo encima del objeto. Volviendo a Freud, su acto en su ideal, es crudo, porque nos muestra que en el fondo, no existe nada material (ni comida) que satis-faga o nos fagocite a "Ello" idealmente en su Narcisismo. Pero en Lacan la protesta de la Anoréxica es ser reconocidos en la supuesta Falta, mostrando "no ceder" arriesgando a "dejar de ser" un sujeto para ser un cadáver en la Falta de su deseo que "no cede" en su ética frente a las Demandas del Otro-barrado.

Si la Anoréxica sostiene su "no" o "no ceder" con el mismo rigor que Antígona sostiene su rito, ella está habitando como dice Lacan en "entre-dos-muertes". No cede, pero a costa de su propia vitalidad para "dar el paso a pagar" (Áté). Tanto la Anoréxica como Antígona demostrarían que el sujeto es capaz de preferir el "bello brillo" de su puro "deseo" que su propia "vida". Eso es lo que las haría "puras" bellezas como brillo en la moralizada verborreica de Lacan. De este modo, siguiendo a Lacan, la anoréxica sería la "analizante perfecta" porque no cede y habita la Falta absoluta, entonces tendríamos que aceptar que la muerte es el éxito del deseo como fin. Y "¿Por qué no?", eso fue lo que desafiantemente dijo Lacan en plena Televisión, pues como declaró Lacan recordando a Sebag (1973) en su apología al suicidio: "Sepa solamente que vi muchas veces la esperanza, lo que llaman las mañanas que cantan, conducir a gentes que yo estimaba tanto como lo estimo a usted, únicamente al suicidio. ¿Por qué no? El suicidio es el único acto que tiene éxito sin fracaso." De allí ese "brillo" y belleza que Lacan ve en Antígona, "¿Por qué no?", nos dice el sinvergüenza de Lacan como la pieza del "éxito sin fracaso" perverso.

Si Antígona rompe su espejo (los bienes, opiniones, mediaciones, negociaciones), se encandila con el sepulcro de su hermano. La Anoréxica se queda a vivir en la Imagen Idealizada del Narcisismo. Ambos modos llevan a un más allá del principio del placer, al Áté como destino y "brillo" mortal del deseo puro (apología de Lacan).

Recapitulando, Antígona habita una zona "entre dos muertes" según Lacan, pero su "belleza" nunca fue estética, es el desaliento sin brillo de alguien que ya se desprendió de su cuerpo. La anoréxica, en cambio, está en una lucha a muerte con la imagen idealizada. Su "no" está atrapado en lo pulsional que gira alrededor de su Ideal del Yo": Alcanzar los límites de la delgadez rozando con la pulsión muerte ("Narcisismo de muerte" dirán los franceses que escaparon del monopolio lacaniano). Pero en Lacan la Anorexia es queja y protesta por la Falta del Otro, donde no hay alimento que le pueda hacer Falta a su deseo. Es decir, una mera Estructura ahuecada con su mágico vacío al centro.

En lectura con Freud, los destinatarios del mensaje, son los que Antígona dirige a la ciudad junto a su venganza social contra Creonte. Su acto es público exhibicionismo a Coro. De este modo, Antígona es una salida pública, mientras la Anorexia es un encierro privado. Ambas dicen "No", pero Antígona lo resiste idealizando la reinvindicación de un lazo sangüíneo y la Anoréxica resiste mirando al cristal (su yo ideal narcisista). Para Freud, no hay "heroísmo" en la Anorexia ni en Antígona. Hay neurosis de transferencia o narcisismo contra las pequeñas diferencias. La clínica Freudiana, contempla (entre otras) una labor de arqueología: Explorar el armado de las investiduras narcisistas (entre otras: el yo como depósito de objetos abandonados en la identificación) que hace que el sujeto prefiera morir a ser "uno más" que el resto mortal (con sus bienes y opiniones que le hagan ceder o mediar-negociar).

En mi próxima publicación, empleando a Freud me referiré a la Apología de Sócrates y el caso Aimée en su "no ceder" (continuando con otros aspectos más de Antígona y la Anorexia). Nos vemos en la siguiente!
- Parte 1 : https://repetir-deconstruir-elaborar.blogspot.com/2026/04/imperativo-dogmatico-de-lacan-usando.html 

No hay comentarios:

Publicar un comentario