miércoles, 15 de agosto de 2012

Desde el Falo Familiar hacia el Falo del Capital en la Clase Media (Parte I)

Una de las ideas principales de S. Freud es la representación fálica del deseo sexual, iniciado desde una infancia reprimida por el "tabú del incesto". Falo del cual, es el falo carente del niño en cuanto no puede lograr dominar a su madre y desearla, tal como su padre la posee y domina. La castración ejercida por el poder paternal, el niño busca desesperadamente el momento de algún día enamorarse y desear a una mujer como su madre para lograr obtener su propio Falo. De modo que su carencia en lograr sus más profundos deseos, se concentra en aquel amor-odio engredado hacia su propio padre.

Bajo la modernidad tardía, el deseo del niño en poder lograr su independencia propia y materializar así, todos sus deseos más concretos castrados por el tutelaje capitalista (padre) que dispone. Aquel deseo de independencia puede ser tan intenso que su adaptabilidad a la alineación paterna, le es insorportable, fantasiando el abandono a su vientre paterno, buscando cómo arrojarse a su porvenir de diferentes formas que lo aislen de sus mayores frustraciones (el control tutelar). De este modo, el Falo del Psicoanálisis no ha sido derribado culturalmente, sino que, ha sido sustituido por un Falo abstracto-potencial (el dinero) en ser la vía más legítima posible de lograr los deseos concretos.

El dinero podría ser equivalente al deseo simbólico puro sin concretarse claramente en los códigos individuales, en donde uno, por medio del dinero se proyecta en su propio deseo a un modo concreto de significado. Sería aquello, lo más cercano al deseo inconciente más primitivo desde su mero desear y significar:
-Solo sé que necesito dinero, no sé para qué lo voy a usar ahora mismo, pero sé, que es mi único medio legítimo para satisfacer, buscar y crear deseos-. En tanto yo, por medio del dinero plasmo el sentido de mi deseo.
Lo abstracto de significar desde lo abstracto en la representación del dinero, es donde yo desde mi deseo puedo potencializar esa abstracción del dinero a cosas o materialidades concretas o actos deseables para mí.
Se aprende en la sociedad capitalista que el deseo es legítimo sólo bajo el Falo del dinero. Falo que a su vez, otros también poseen y desean competir por él. Estos generan la rivalidad. Para lo cual, se dictamina la legalidad que busca el consenso de la justicia de cómo y de qué manera ejercer aquel poder abstracto. En donde todos compiten entre todos y por luchar desde donde se está.
De esta forma, las personas similares a él mismo, se convierten o pasan ser meros objetos los cuales debe medir y dimensionar su lugar, tanto que un otro no lo prive de su independencia o libertad.

Es así como la presencia hostil que se revela al hijo ("quebrantamiento de la fe" de E. Fromm) no tan sólo se funda únicamente desde su padre, sino también, desde su medio social o cultural que lo provee de medios para construir su identidad.
Podemos aludir de esto que, la dominación de padre-hijo no es producida en la interioridad del padre fundamentalmente, sino que, a cómo se está dispuesta la sociedad, la conducta del padre revelará su acción de cómo adaptar a su pupilo al medio social que lo espera.
No sólo adquiere el niño la hostilidad en su propio hogar, sino que además, aquella hostilidad fálica por una independencia, no parte desde la lucha por imponerse a su padre, sino que además deberá competir y prepararse desde su hogar paterno para enfretarse a la competividad capitalista global en su propio medio social.
Termina el niño poco a poco adquiriendo conciencia de que su futuro, ya no dependerá cada vez más de su deseo en querer ser libre a su voluntad de actuar, sino que, la sociedad en la cual convive, macrosocialmente lo castra, más allá de la castración inicial que le produce el propio padre al niño.
De este modo, no hay una forma directa como tal, de poder culpar a su padre del medio social en el cual vive.
El niño no ve otro camino más viable que aquel de vivir con dinero para obtener propiedad. Los caminos viables alternativos e inestables a conseguir dinero (como el arte o delinquir) le son arriesgados ante la enseñanza que recibe por la paternidad.

Pero sin embargo, muchas veces el deseo de libertad es tal, que lo mueven o impulsan la proesas de alcanzar sus metas futuras sin logros y sin dependencia alguna de algun capital.
Por un lado, el niño crea en su misión de ser "adulto" su proesa de que sabiendo que algún día su vientre paterno no le durará para siempre y que deberá desde sí mismo, liberarse o independizarse y estar en dicho momento preparado a su autorealización o quizás en la formación de su propia paternidad o familia.
Cabe destacar también el rol fundamental del hermano sea mayor o menor. Un hermano mayor lo hará competir en imponerse ante el afecto maternal. De modo que la competencia es dividida en roles ampliamente familiares. Algunos casos se traducen en "complejo de Caín", generando un odio al hermano menor por parte del mayor.
La madre independiente de poseer un esposo, es sólo una representación dual entre la imposición paternalista-social y la lucha del deseo-goce maternalista o libertad.
Más aun, la virtualidad del mercado global y la inestabilidad laboral, lo arroja a una mayor incertidumbre ante si su proyecto engendrará frutos para autorealizarse.
El papel fundamental del dinero que ha aprendido desde su padre, también gran peso ha tenido la sociedad en sí misma para influenciar su deseo de ser un sujeto con capital o falo propio. Se engrenda además un miedo por la "falta de dinero", donde la pobreza de allá afuera lo frusta y lo atemoriza (no desea pertenecer a ella).
No desea ser lo que está allá afuera, donde muchos no han tenido una gran oportunidad de llevar una vida cómoda.
A esto se le suma, la deseperación por intentar lo antes posible de dejar de depender económicamente de su paternidad y lograr su deseo de libertad o independencia.
Desde la pre-modernidad el deseo se debe conseguir para-sí mismo ya que no quedará ningún bien para mí. Luego se ha traspolado a la modernidad en: todo sobra para-mí, habiendo muchas cosas que ni sé si serán óptimas para mí, debo consumir lo que sea deseado, sino he consumido aún lo que los otros consumen, me excluiré y sobraré frente a ellos.
El modelo del padre trabajador mantenedor del hogar, es un modelo que le significa valores formados. En gran esencia, la formación paterna le radica en la adquisición de capitales para una autoformación legítima.
Sin embargo, a pesar de su gran deseo de independencia, existe un cierto temor de que ya fuera del nido, recaiga en él por no tener ninguna otra salida que vivir desde lo que se tenga a mano o comerse el orgullo de querer superar al falo paterno dominante para regresar e ir por él.
En la misión de ser o volverse "adulto" bajo el modelo generado por la sociedad, cada vez más, la palabra adolescente del sujeto se prologa en la vida del mismo. El deseo o aspiración de "adultez" o sé "adulto" adquiere un valor cada vez más ambiguo en su proyecto a ser.
Habiendo también una alta exigencia laboral, más una cierta perspectiva del futuro donde la exigencia es cada vez mayor, los niveles para alcanzar dichas metas por lo tanto son cada vez más exigentes. Muchos jóvenes han quedado atrás en lograr sus metas, más aún, bajo posibilidades que ni el mismo a querido realmente ejercer laboralmente, han cedido a realizarlas por la exigencia social en donde se encuentra.
Si el sujeto ha de querer vivir con independencia, deberá asumir y enfrentar algunas o más de estos factores en su vida social para "autorealizarse".
La dependecia a la comodidad hogareña y a sus tecnologías que "facibilitan" la vida diaria, es muy difícil cambiar y renunciar absolutamente a esos deseos que alguna vez quizo aspirar y lograr desear, como de algún modo los pudo concretar su padre.
El deseo del falo se ha instalado en su vida y en sus propias proyecciones de poder-ser. Su deseo fálico le otorgó un camino o un sentido de vida que buscar. Apesar que su camino muchas veces es inconciente en sus orígenes que lo impulsan a servirze a aquel deseo, su deseo es deseo en otros. Su deseo no ha provenido propiamente de él mismo, sino de su existencia en la existencia de estar-con los otros. Su deseo propio se construye originalmente siendo-en-otros.
¿Cómo renunciar a un deseo forjado conciente e inconcientemente desde su infancia?
¿Cómo renunciar aquel deseo fálico, que forja su caracter en su medio social y con su fin en él?
¿Cómo encontrar un deseo propiamente para-sí mismo, que no se vea influenciado por la aculturación?
¿Cómo renunciar al miedo inicial de forjase sus propias metas y deseos únicos sin la ayuda externa?
¿Cómo poder desear lo que realmente se quiere desear?
Si renuncio a lo que desde siempre me he ceñido a desear, ¿Cómo exploro mi auténtico vivir?



El dinero se convierte en mi motor de significados para invocar ciertos significantes. De esta manera se suple la carencia deno tener un significado estable, abjudicándolo a un significado monetario sin intención aún concreta. Mi acción o discurso se vuelve inconcientemente en un teleologismo por buscar un motor mayor (en dinero) que me genere significados estables por cada significante que desee.
Por tanto, el objeto querido o de deseo, es un significante que cuyo valor de significado es su valor monetario. Ese valor cambia y varía según la oferta y demanda circundante y si el deseo es más o menos accesible de conseguir.
De este modo, el dinero se convierte en el principal "ideal del yo", mientras que la promesa del gasto y la propiedad infatuan su "yo-ideal".

Las pulsiones y voluntades están mediadas por la interacción del dinero (simbolismo), como motor legal de la satisfacción.
No tiene sentido el deseo o la pulsación a un objeto en el cual no se represente por el simbolismo del dinero. En tanto que el deseo hacia una mujer, está normado por un patrón cultural del capital económico que disponga. El dinero es el lenguaje simbólico que resume las relaciones objetales. La sociedad produce los potenciales objetos deseantes por medio del capital.

Nos encontramos en la situación donde existen productores-servidores y consumidores, allí el dinero juega un rol primordial en la interacción de este binarismo social. Ambas situaciones giran entorno al "valor-gasto" respectivamente. El gasto (dinero) es la satisfacción, el valor (dinero) es el objeto de deseo, y ese objeto de deseo (valor) merece un gasto (dinero) para gozarlo. Por supuesto, esta dimensión es la más básica posible, existen dimensiones financieras más complejas que incluyen al intercambio del dinero como papel fundamental en cada una de las escenas.
Por ende, regresamos al clásico potencia-acto aristotélico: dinero (valor) es potencia, consumo (gasto) es acto.
El dinero se convierte en un simbolismo que representa las posibilidades o potencialidades. Sin embargo, el dinero margina el amor sincero, existe un sustrato que separa el amor real por un velo del dinero, del interés mutuo por la persona de deseo, inconcientemente se desea la productividad o adquisición de generar capital para una relación. Mis límites de mi pulsión, mi simbólica castración es finalmente el dinero, los objetos de deseos están etiquetados como "valor-de", asumiendo así los límites de mis posibilidades.
Mi madre, como objeto que narcisistamente parecía ser parte de mí, secundariamente sigue siendo una relación no mediada por el dinero desde mi parte, a lo que sin embargo, la relación que mi madre tiene conmigo aun en mi infancia, mi madre interactua conmigo simbólicamente también gracias al dinero. Por supuesto que las voluntades de la madre que logran mitigar las voluntades del niño arrojadas al absoluto libre porvevenir, arrojándose a los brazos de la madre no todo es producido por el dinero mismo, sin embargo las voluntades se potencian y se castran si el poder simbólico del dinero se reduce considerablemente.
Hasta cumplida una cierta mayoría de edad en donde los padres aún desean mantener simbólicamente por el dinero, la salida del hogar en el hijo implica un distanciamiento mediado por el dinero producido bajo los valores del intercambio.

El ahorro excesivo de dinero refleja el caracter anal, su simbolismo de retención  o de acomulación de potencial es tan reprimido como cualquier deseo.
El deseo social por la construcción de un medio legítimo de interacción social (dinero) que corresponda a la mayor abstracción posible de cualquier deseo pulsional, el verdadero falo, se convierte no el deseo del otro, sino en el dinero.
El deseo engendra su objeto concreto por medio del dinero. Las necesidades derivan del deseo, y no al revés.
Aquel sujeto que es ahorrativo, se lo considera avaro, extraño bajo los cánones del consumismo social, se le acusa de tener miedos por gastarlo, su identidad se basa en cuanto más dinero tenga y gaste, si lo gasta menos más fuerte es su yo en aparente seguridad, mientras más lo gaste más deja fluir su pulsión.
El dinero es capaz de ilusoriamente dotar un yo fuerte, capaz de desear lo que quiere y cuando quiere, el dinero es poder simbólico, es el falo moderno.

Si se gasta más dinero del que se gana, las pulsiones tienen un desiquilibrio entre lo que deseo y el límite que impongo (o trato de imponer) a mis deseos pulsionales. El consumo a crédito sería entonces un falo ilusorio que extiende el poder a largo plazo, siendo a su vez prisionero de un falo mayor que es la institución financiera. El miedo a la castración es seguida hasta la adultez por el deber a cumplir los gastos a crédito en cuotas (todo esto se asemeja al goce, a la completud por un goce incestuoso que nunca acaba con la idea de tapar toda falta). Mi deseo exogámico fuera de mi familia, se reemplaza por los deseos que me otorga la máquina social productora-consumidora de servicios y artificios que codifican (marketing) en masa los deseos pulsionales.
Como dice Esther Diaz basándose en el Anti-edipo: "La economía capitalista organiza la necesidad, la escasez, la carencia. El objeto depende de un sistema de producción que es exterior al deseo. El campo social está atravesado por el deseo. La máquina social es también producción deseante. "Sólo hay deseo y lo social, nada más". Freud se fijó en la represión, pero no logró relacionarla con la represión general que se lleva a cabo siempre en la máquina social. Fue Reich quien asoció correctamente la represión general con cada una de las máquinas deseantes" ... "La máquina deseante es un sistema de producir deseos; la máquina social es un sistema económico-político de producción. Las máquinas técnicas no son independientes ni exteriores a la máquina social. Cada técnica forma parte esencial de la máquina social. La tecnología capitalista es esencial al sistema de explotación capitalista. Son grandes máquinas las que son usadas para la explotación de grandes masas de trabajadores. No hay una necesidad intrínseca de cierta tecnología. Más bien la tecnología evoluciona con la máquina social de la que forma parte."

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