jueves, 15 de marzo de 2012

Aportes de la Psicología Sistémica y las críticas desde el Psicoanálisis

(En la foto, los respectivos fundadores G. Bateson y S. Freud)

En este ensayo mostraré aquellos marcos teóricos de la Psicología Sistémica  que generan interesantes intersecciones y aportes mutuos con la teoría Psicoanalítica. Sin embargo, no descuidaremos que muchos aportes de la Psicología Sistémica sea en un su primera cibernética (Minuchin) como en su segunda cibernética (White), dejan mucho que desear y dejan sin resolver o sin abordar diversas temáticas. Así como también deja que desear la profundidad de sus dichos.
Pero, hay aspectos de la Psicología Sistémica, creo yo, que nos puede otorgar una buena digestión a muchos Psicoanalistas que en su discurso presentan muchas flatulencias que muchas veces los llevan a rincones sin salida.

Sin pretender abordar todo el área epistemológica y los orígenes de la Psicología Sistémica, vale la pena recordar algo básico e importante para más o menos mantener el paso al ritmo:
Es en la Psicología Sistémica donde se pone especial énfasis en que las influencias de las relaciones sociales son importantes para el continuo desarrollo o cambio de un sujeto inserto en un(os) (sub)sistema que lo referencia en sus posibilidades. Si no fue el escenario edípico quien explica o comprende el síntoma, serán entonces desde los otros diversos escenarios. El sujeto siempre está en referencia comunicacional con otro insertado en una red de relaciones diversas que posibilitan sus diversas maneras de actuar en cada contexto con otros.

Dicha esta breve definición diré que la Psicología Sistémica toma al síntoma más en su modo CUANTITATIVO y el Psicoanálisis toma (estudia o analiza) al síntoma más en un modo CUALITATIVO.
Me explico, el síntoma visto como algo más cuantitativo desde la perspectiva sistémica, lo entendemos como relación de las partes con el todo. Radica en tomar al síntoma en cuanto los actores y distintos escenarios en donde se presenta el síntoma y qué factores son los que potencian en seguir manteniendo dicha manifestación sintomática. Manifestación producto de las relaciones entre los actores, sus comunicaciones, sus proyectos y las posibilidades en cada sub-sistemica que contiene sus propias reglas.

Otra forma de entenderlo es cuando en Psicología sistémica dicen: "y ante todo esto, el paciente HACE un síntoma".
Quiere decir que en el medio relacional donde se desenvuelve el sujeto está insertado en una red de conflictos o responsabilidades tales que van más allá de sus capacidades, sin tener auxiliares que ayuden a contener sus dinámicas relacionales a diversos proyectos. Por ejemplo, en una familia donde hay padre, madre y un niño. Si ambos padres tienen diferencias en sus proyectos de vida, generan discusiones, malentendidos comunicacionales que exacerban más discusiones, logrando entonces que el único motivo para que ellos no se separen, es por la responsabilidad social que los une por cuidar lo mejor posible a su hijo. En este escenario el niño puede verse dividido en las opiniones de los padres y ser el núcleo central del conflicto en una alianza por cada uno de los lados de sus padres. Ante tal stress y división el niño hace síntoma, está pasando por un síntoma: ya sea mal rendimiento académico, llantos excesivos, rabia, etc.

Siguiendo las premisas Sistémicas, en tal sentido si los distintos actores que refuerzan al síntoma desaparecieran aquellas distorsiones comunicativas bajo un nuevo cambio y se buscan nuevas posibilidades de cambio que ayuden a sostener el sistema familiar a otro ritmo o nuevos proyectos que dejen de viciar el sistema hacia el niño como el receptor de conflictos y catalizador que une a sus padres aún si ellos no desean estar juntos en dicho momento. Si aquella insistencia sintomática que envuelve al niño en sus relaciones con sus padres, cambian de tal modo, haciendo que el sistema familiar prosiga en su función con sus partes, el síntoma que hizo el niño, desaparece, al haber cambiando el (su) sistema familiar.

El síntoma en la Psicología Sistémica (desde mi opinión y de mi modo metafórico de entenderlo) tiene una forma de dos remolinos. Uno grande "invisible" con subsistemas de la parte con el todo con sus actores y otro pequeño remolino visible que poco a poco se va agrandando arrasando a su paso con más actores que estén cerca de él, hasta abarcar más subsistémas.

Esto último es interesante y tiene mucha relación en la forma en cómo el Psicoanálisis entiende y aborda el síntoma de sus pacientes. En otras palabras, algo que se le escapa a la vista a los psicoanalistas es que el síntoma puede conllevar y generar nuevos traumas y la vez más síntomas y a su vez más trauma y a la vez más síntomas en donde se intenta descargar y evitar la angustia, como si fuese un ciclo vicioso que se va potenciando.

Para que esto se entienda a cabalidad pongamos 2 ejemplos diferentes de COMPULSIÓN A LA REPETICIÓN (síntomas):
Una persona alcohólica va día a día aumentando su dosis de alcohol en la medida que va presentando más factores estresantes y más sociabiliza con personas que lo incitan a beber más. Ese sujeto luego puede provocar a su medio relacional mayores conflictos que si estuviera sobrio, podría golpear a su esposa o a su hijo, ser despedido de su trabajo, etc.
Otro ejemplo sería de un sujeto con una compulsión a la repetición por apostar, comienza gastando más de lo que gana, comienza endeudándose más de lo que puede, termina vendiendo sus bienes y eso a su vez lo deprime más y regresa más y más al juego.
En ambos ejemplos podemos apreciar claramente lo dicho con respecto al síntoma como un remolino pequeño que se va agrandando arrasando, sacando de las experiencias negativas más fuerza para a su vez atraer más conflictos al sistémica cercano o lejano donde éste vive, haciendo lo visible del síntoma más cuantitativamente más grande.
Mientras el remolino invisible serían las posibilidades y probabilidades que están englobadas en los diversos subsistemas que contienen al sujeto psíquico en sus relaciones con otros que indirectamente afectan a la conformación del síntoma o remolino visible, que es solo una parte del todo que puede convertirse en algo cuantitativamente mayor.

Sé y tengo muy en claro que tal tipo de ejemplos de la Psicología Sistémica, muchos de ellos son perjudiciales y caricaturas a la particularidad humana, ya que reducen las diferencias y particularidades del sujeto a pura probabilística de conductas, sin tomar su voz o su verdad como lo principal en las sesiones.
Y sí, por supuesto, mil veces razón en ese punto. Sin embargo, en situaciones (sobre todo en Latinoamérica) donde la ayuda psicológica se reducen a unas cuantas sesiones breves con exigencias a resultados casi inmediatos. Se hace aprovechable dicha clínica en su práctica.

Un ejemplo concreto se hace de cierto modo similar a la clínica Psicoanalítica Relacional (con inspiración en Klein).
Por ejemplo, en una pareja tiene discusiones constantes, en donde giran preferencialmente a una temática de desconfianza. En tal caso se hace una intervención clínica de dar voz a los pacientes y explorar de donde provienen sus distorsiones a la relación actual de pareja, se busca interpretar en el momento la transferencia evitando la distorsión de los malentendidos para que la comunicación sea empáticamente entendida por el otro. Posibilitando entonces una nueva perspectiva de comunicación de los conflictos sin buscar responsables directos.
Si bien es cierto que en la experiencia clínica sería una "corrección" de las "equivocaciones" de ese Yo para cambiarlo por otro Yo menos distorsionado, para que comprenda por ejemplo, su temor a depender al objeto, su envidia y su agresión como defensa narcisista a las relaciones de objeto. No analiza las causas que originan esas desconfianzas, ni tampoco garantiza que la desconfianza no aparezca desde otro lado o que simplemente las diferencias que sean latentes desde otro marco ya sean demasiado tarde la reconciliación. Es verdad, por eso la Psicología Sistémica "peca" de superficial todavía. No obstante, no podemos menospreciar el aporte que puede beneficiar a los pacientes que pueden salvar posiblemente desenlaces que no tendría por qué ocurrir y hacer que todo "desastre" de pareja finalice en el peor de los escenarios, provocando series heridas y huellas a los pacientes, por no haber actuado o reaccionado a tiempo. Sé que esto último es un debate aún polémico y aquí no pretendo concluirlo, pero dejo esto como un debate que abre un tajo en la coherencia analítica, intentando mostrar ciertos límites de ella.
Podriamos pensar que de alguna forma como piensan los Sistémicos, que si damos una ayuda a los conflictos más manifiestos o visibles de sus conflictos, la energía liberada hacia otras posibilidades (como dirían los psicólogos del YO), puede sanar los conflictos más internos de los pacientes. Respecto a esto último yo no tengo una clara posición si creer en tal teoría o no, pero dejo la duda como posibilidad, yo entiendo perfectamente a Psicoanalistas que critican con que es pan para hoy y hambre para mañana, algo que estoy totalmente de acuerdo, pero... (volvemos al tema).
Los sistémicos tienen la esperanza de que al provocar un Cambio 2 en los actores del sistema, el síntoma digamos invisible de las relaciones no distinguidas o diferenciadas, rompen el ciclo vicioso, aflojando su estructura hacia una Morfogénesis que permita la apertura a nuevos escenarios y oportunidades de acción. Una nueva Crisis (prescripciones paradójicas por ejemplo) que permita cambios reales y sostenidos. No cambios maquillados que solo son hambre para hoy y hambre para mañana que son los llamado Cambio 1, que ante las influencias no predichas por los actores hacen regresar el síntoma hacia su mismo compás.

Lo interesante de la Psicología Sistémica es que podrías decir que toda relación humana o alianza tienen implícito un modo de comportamiento tendiente a repetir los mismos patrones de conducta o acción para que se mantenga un equilibrio estable que no perturbe las comunicaciones ni provoque nuevos conflictos, o que en cada conflicto, el sistema autoregule con los canales ya construidos los ruidos (homeostasis). En ese sentido, si un ruido es lo suficientemente poderoso (síntoma como cuantitativo), desorganizará el sistema, provocando una inestabilidad y generaría síntomas.

También, otro factor interesante de la Psicología Sistémica que ha tenido mucho impacto e importancia, es en las esferas laborales y educacionales. En el sentido que no necesariamente un síntoma se presenta a un sujeto en un contexto determinado (como remolino más visible), sino que también se puede diagnosticar un síntoma o una problemática dentro de un sistema mismo (remolino invisible). De tal modo que se puedan prevenir los posibles sucesos si se tienen en cuenta las alianzas y las pautas comunicativas adecuadas a tales funciones y desempeños o reglas de un sistema. En otras palabras, no se trata de encontrar en tales casos un culpable o un culpable mayor por encima de otro, así como tampoco en quién inicia primero el problema (ya que los patrones no son lineales, sino recursivamente circulares) ya que el que inicia, a su vez está actuando afectado del mismo sistema en juego que lo hace actuar y así ocasiona en el otro que... y a su vez el otro, etc). Más bien se presta atención a la dinámica del sistema (laboral o educacional) que genera las pautas tanto implícitas y explícitas. Lo importante en eso último es que trazando distintas distinciones de las pautas en juego, se pueden ver aquellos patrones invisibles o implícitos en juego y posibilitar su cambio a las reglas del juego para abrir nuevas posibilidades de acción (morfogénesis o Cambio 2).

Por otra parte Freud si tenía en cuenta muchos decenios atrás aspectos que sostiene la Psicología Sistémica, citaré tres estrofas de su obra.

1) Freud en su texto "Sobre la psicoterapia" de 1905, expresa que:
No se recurrirá al psicoanálisis cuando sea preciso eliminar con rapidez fenómenos peligrosos, por ejemplo, en el caso de una anorexia histérica."



 
2) Freud en de su Conferencia 24 (1917) Sobre la Nerviosidad común comenta:

"Ya dijimos que el Yo coadyuva a la persistencia del síntoma, pues halla en éste algo que ofrece satisfacción a sus tendencias represoras. Además, la tramitación del conflicto mediante la formación de síntoma es el expediente más cómodo y agradable para el principio de placer; pues sin duda, ahorra al yo una penosa y considerable labor interna. En este sentido, hay casos en que el propio terapéuta tiene que admitir que el desenlace de un conflicto en la neurosis, es la solución más inofensiva y la más llevadera desde el punto de vista social. Que no les asombre entonces enterarse de que a veces el terapéuta abraza el partido de la enfermedad combatida por él. No se imbrica en todas las situaciones de la vida en el papel de un fanático de la Salud; pues el terapéuta sabe que hay en el mundo otras miserias distintas de la enfermedad neurótica y otros sufrimientos quizá más reales y todavía más rebeldes, y sabe también que la necesidad puede obligar a un hombre sacrificar su salud cuando este sacrificio individual puede evitar una inmensa desgracia de la que sufrirían muchos otros. Por tanto, si pudo decirse que el neurótico se refugia en la enfermedad para a un conflicto, es preciso conceder que muchas veces esa huida está plenamente justificada, y el terapéuta, habiendo reconocido ese estado de cosas, deberá retirarse en silencio y con todos los respetos.

3)  Un años después Freud en "Nuevos Caminos de la terapia Psicoanalítica" de 1918 enuncia:

"Acotamos nuestra tarea terapéutica por medio de estos dos contenidos: hacer consciente lo reprimido y poner en descubierto las resistencias. Por cierto que en ello somos bastante activos. Pero, ¿debemos dejar luego al enfermo librado a sí mismo, que se arregle solo con las resistencias que le hemos mostrado? ¿No podemos prestarle ningún otro auxilio que el que experimenta por la impulsión de la trasferencia? ¿No parecería lo indicado socorrerlo también trasladándolo a la situación psíquica más favorable para la tramitación deseada del conflicto?
Además, el logro del paciente depende también de cierto número de circunstancias que forman una constelación externa. ¿Vacilaríamos en modificar esta última interviniendo de la manera apropiada? Opino que esta clase de actividad en el médico que aplica tratamiento analítico es inobjetable y está enteramente justificada
."


En este sentido, no se puede cuestionar al Psicoanálisis como una disciplina que no toma en cuenta los aspectos intersubjetivos o sociales en juego o que se centre sólo en lo intrapsíquico.


Más precisamente me preocupa o me llama la atención cierta ortodoxia clínica psicoanalítica (especialmente la del diván), que  prioriza el análisis propiamente tal no adquiriendo un compromiso lo suficientemente ético que busque estrategias terapéuticas más flexibles para cada tipo de paciente. Tal temática fue explorada (como autocriticada) punto por punto por Ferenczi y por sobre todo en Winnicott (el más conocido). Hay pacientes que simplemente, hay que construirlos en posición de pacientes, hay pacientes que se debe contener (holding) más que escuchar en transferencia, hay pacientes donde el conflicto intersubjetivo es mucho más importante que el conflicto intrapsíquico, hay pacientes que no están en situación de asociar libremente ya que no poseen una estructura neurótica y presentan conflictivas mucho más arcaicas. Si bien es cierto que la clínica psicoanalítica es distinta a su ortodoxia inicial, aún podemos seguir viendo posturas del tipo "no me es preocupante si mi paciente aumenta o baja de peso, me interesa comprender lo dicho en el síntoma en su diferencia". Yo no estoy de acuerdo con Lacan que hace una tajante distinción entre "análisis como cable de cobre (psicoterapia) y análisis como cable de oro (diván)".

Dicho todo esto, hay que hacer un alcance crítico con respecto a las posturas Sistémicas en juego: La psicología sistémica toma al sujeto como un sujeto en relación con un sistema mayor que lo organiza y lo motiva a actuar con otros en distintas relaciones que lo llevan decidir ciertas pautas que repercuten tanto a corto, mediano y largo plazo su sistema dependiendo de los actores y escenarios en juego.
En ese sentido, existen algunas escuelas de Psicología Sistémica que dicen no admitir (reconocer) las causas profundas de los síntomas (Terapia Centrada en Soluciones), ya que se podrían tratar "aquí y ahora" y modificar los patrones de conducta centrándonos en las soluciones al problema y no fijarnos en el pasado del conflicto. Tales escuelas de sistémico se parecen mucho al conductismo de antaño, solo que más reelaborado. En otras palabras lo más cuantitativo que existe.
Desde este punto de vista, centrarnos en las explicaciones pasadas, en las causas, en reflexiones que intenten un cambio, todo aquello estaría sostenido por los múltiples sub-sistemas semi-abiertos que condensan pautas o reglas de juego. Pues los cambios surgen en la interacción social-huamana, la ambigüedad semántica nos límita en caer en especulaciones que retrasan los cambios posibles de encontrar, se puede adaptar promoviendo los cambios a partir de las nuevas pautas en juego no antes vislumbradas, lo que permiten otorgar una mayor libertad y adaptación. Los sistémicos creen que arrojar luz al pasado es inevitablemente dar luz a un presente apuntando el foco en un lugar ya no existente, pues se podría ahora ya, alumbrar las pautas presentes para propiciar las mejoras adaptativas. Nada nos garantiza una mejoría si construimos o recreamos un pasado ya vivido, se podrá recargar la esfera semántica, pero no logrará movilizar la esfera sintáctica (reglas, subsistemas globales) cuyo potencial es mayor para el cambio. Ya que es para ellos justamente la esfera sintáctica la prioritaria quien subordina en potenciar o inhibir las distintas manifestaciones potencialidades de ser. Operar de otro modo, sería aislarlo con su historia y no vincularlo con sus reales posibilidades. Por lo tanto, es en su presente donde debe buscar las herramientas del cambio, no las encontrarán, creen ellos, en su introspección pasada. O sea, un cambio producido hoy, daría raíces al futuro. No obstante hay que preguntarse: ¿Con qué tipo de sintaxis están amarrando al sujeto, qué tipo de hilos sintácticos están a la base ética de su ideal adaptacionista? ¿Hay un lugar neutral o absoluto donde la sintaxis exista?



Esta postura Sistémica, anula el pasado, lo readapta con una carga presente que intenta borrar toda huella de ella. El pasado en tal lugar, no es sino el reflejo del ahora presente, la verdadera realidad se manifiesta ahora en tu ser, no en un ayer irrecuperable.
La P. Sistémica, o ciertas corrientes de ellas, no niegan el valor de reconciliarse con su pasado para tener méritos más claros para el presente en pos de un alcance futuro, pero desde la perspectiva que estamos hablando, ese camino es torpe, pantanoso, riesgo a los malosentendidos, una caja de Pandora que abre traumas que es mejorar silenciar para siempre. Los cambios, de esa forma, dirán este tipo de sistémicos, solo demoran el cambio que es figurable ahora mismo, el beneficio adaptativo inmediato justifica los medios por sobre la mirada de un pasado.
No hay un baúl pasado o material sustancial pasado dentro de la mente en estadios profundos en excavación, todo el material está ya vivo en el presente a través de los procesos vinculares.
De esta forma, los sistémicos pierden de vista que tales medidas, es arrinconar huellas pasadas inactivas que ante un cambio del medio, pueden venirse abajo y sepultar todo tratamiento intentado. Como queriendo decir: No importa si hay mugre-polvo-semantica, podemos hacer que la alfombra sea más resistente o gruesa y más amplia para que guarde más mugre debajo de ella, y así la adaptación se logrará en paz. Pues, ¿Para qué diluir o analizar la mugre o polvo, si es mucho más rápido derivar lo semántico de esto, por medio de nuevos tejidos sintácticos que rodeen la mugre a un lugar inofensivo (bajo la alfombra)?



Si somos capaces de comprender la Ética Psicoanalítica y su método, resulta claro que competir con tales corrientes psicológicas, el análisis no está a la altura de cambiar y adaptar rápidamente las conductas, pues como muy bien ya lo sabía Freud, hasta el hipnotismo que alguna vez practicó, tiene mejores fines para la adaptación o cambios conductuales inmediatos. Para Freud, su ética no apunta ni radica en la adaptación, pues el peso de las huellas o la "mugre" pasada hará que la pendiente caiga hacia su propio destino temprano o tarde. Lo cual será nuevamente pan para hoy y hambre para mañana, un maquillaje que corrige un problema al modo de una TCC, pero que a diferencia de las Terapias Cognitivas Conductuales, apuntan a corregir haciendo partícipe a las personas cercanas y buscando herramientas en el presente para cambios adaptativos. Para Freud y al Psicoanálisis, en cambio, la adaptación deviene por añadidura al análisis o como efecto de ésta misma, pero no provee un ideal social o sociolaboral para adaptar al humano "modelo ideal social", lo importante es la verdad (y el respeto) del deseo y la particularidad de la historia de cada sujeto, lo cual marca un cambio ético muy distinto.


Considerando las terapias grupales o los talleres terapeúticos analítico, en lo referente a la participación de personas cercanas en una terapia familiar, sigue siendo el aporte clínico más interesante de la P. Sistémica, puesto que pone en cuestionamiento la modalidad o moral individualista de las terapias, conformando una modalidad más colectiva, grupal, o de apoyo. Podríamos sin miedo a errar, que una terapia psicoanalítica relacional de grupo o de pareja, no debiese ser muy distinta a la teoría sistémica bajo muchos puntos de vista o ética.
La dependencia innegable de un menor de edad en la clínica, tiene muchas opiniones con respecto si integrar o no al cuidador en las sesiones o hasta qué punto. La manera en cómo lo conceptualiza, es decir, cuándo es necesario invocar a un tercero en la sesión analítica, cada orientación teórica brinda sus propias respuestas.

Otra problemática de la P. Sistémica o la teoría de sistemas en su inicio, es que sus  premisas tienen la gran falencia de que toman al sujeto como un sujeto vacío, a-deseante si no está primero en un escenario que lo influencia a desear (con un YO pasivo instalado que se afecta por el sistema en juego), un sujeto sin tiempo interno propio (inconciente), sin narrativa propia, como un muñeco que por medio de los invisibles hilos de la comunicación actúa o se mueve, en donde si sumergimos al sujeto en otro escenario, sería otra persona en donde ningún pasado inconciente o neurosis se puede alojar, ya que una vez cambiado su ambiente será un "nuevo ser". Por supuesto, que a esto último referido, replicarán los sistémicos de otras corrientes, en que no doy cuenta que ellos sí toman en consideración los sub-sistémas que contienen los contextos particulares de sus narrativas biográficas propias. Sin embargo, yo replico en que justamente se ve al sujeto con un carácter muy superficial que apenas aborda las motivaciones, los deseos, SU DIFERENCIA particular en el sistema, su propia sexualidad que no se logra aplacar homogeneamente al todo, que un conflicto pasado aunque se cambien sus actores (ver ejemplo de la familia con el niño) una huella queda en el sujeto, con una forma de desear en su transferencia de distintas maneras (siempre queda algún resto o exedennte no calculable que escapa a lo que consideramos total de un sistema). Toman al sujeto como si tuviera un YO ya conformado y listo para verse influido en tal o cuales escenarios, no toma en cuenta en explorar la profundidad del síntoma, sino como algo inserto en un medio, dejando de lado lo inconciente con sus códigos y mensajes propios que determinan su forma de gozar, su modo particular de repetir sus síntomas. La personalidad o el carácter son simplemente YO pastiche (Gergen) que se fragmentan en cada instante en otra cosa a los cambios del medio. Es como si los cambios terapéuticos efectuados reacomodarán las máscaras de roles sociales de actores-pacientes que cambian su conducta para adaptarse mejor el contexto, esperando que con el tiempo "automáticamente" el sujeto actúe como tal y se "reconozca" como "parte-de" otro escenario bajo otras máscaras de carácter en los diversos juegos con sus reglas. Vale decir, una personalidad pastiche transitoria que carece de huellas profundas o intensas que no se dejan amoldar o temporalizarse fácilmente a los devenires de las reglas del juego.


Regresando a los aspectos epistémicos o teóricos, la inicial Teoría de Sistemas, anclada en los ideales epistemológicos de la ciencia y la objetividad posible (no descuidamos los cambios epistemológicos posteriores a partir de la segunda cibernética donde el terapeuta no mueve los hilos del sistema
desde afuera, sino que él mismo está dentro del sistema co-construyéndolo, así como también su acento a la narratividad con respecto a la independencia subjetiva más que a la relación con su sistema de referencia). Su interés en los comienzos, se aplicó a la teoría de la comunicación o las pautas comunicativas como objetivamente abordables a partir de sus análisis conductuales visibles. Su salto paradigmático que presisamente se distingue del conductismo, es su énfasis en las relaciones autopoiéticas, como también en la recursividad circular de ciertos fenómenos donde no existe una clara delimitación entre causa-efecto, todo aquello, frente a las causalidades lineales de causa-efecto que eran adoptadas por las corrientes más conductistas.
La mejor metáfora para darnos a entender proviene del texto de 1967 "Teoría de la Comunicación Humana" respecto al juego de ajedrez
con sus reglas o sintaxis, donde el contenido semántico de las piezas son poco relevantes (por poseer un carácter poco científico de caja negra), ya que las posiciones y movimientos objetivamente visibles de las piezas es lo que más importa.
El observador (en el marco clínico de Watzlawick, el terapeuta) puede llegar a identificar las configuraciones de un patrón
de comunicación en un sistema interpersonal, a partir de la observación de las redundancias estructurales.
Por tanto, las primeras conceptualidades de la P. Sistémica mantienen sus raíces en el conductismo al asumir la conducta humana desde el concepto de "caja negra", es decir analizarse desde sus inputs y outputs, sin que sea menester adentrase en los procesos internos de transformación energética: “no es necesario recurrir a ninguna hipótesis intrapsíquica imposible de verificar en última instancia, y es posible limitarse a las relaciones observables entre entradas y salidas, esto es, a la comunicación“. De este modo, la importancia radica en observar las pautas repetitivas de acción, más que los contenidos
semánticos de su acción, así se protege la neutralidad objetiva posible del terapeuta sin mediar con sus propios ideales. Por tanto, "un observador que no sabe ajedrez, al ver una partida puede ir sacando conclusiones sobre las reglas de juego en base a ciertas redundancias (repeticiones) que vé, así también al estudiar a las personas que se comunican podemos también detectar redundancias para conocer las reglas de la comunicación. O sea, se pueden identificar configuraciones complejas de
redundancias, más allá de los agregados especulativos que pueda hacer el observador sobre el juego que observa (inventando mitologías acerca del ajedrez que intenten explicarlo, etc).

Por otro lado, en la Psicología Cognitiva-Conductual hay un interés por no sólo conocer las causas y efectos objetivos de los fenómenos conductuales
, también dedican tiempo a los campos semánticos de la cognición humana, para explorar cómo el contenido cognitivo opera junto a una conducta visiblemente observable para generar los diversos out-put de procesamiento hacia un resultado eficiente de adaptación. No obstante, la diferencia que enmarca la Teoría de Sistemas, radica en que los patrones de conducta-cognición humana no adquieren su resultado por medio de ser un sujeto autónomo en desarrollo evolutivo. Más bien, los patrones del sujeto están insertos conformándose en una compleja red de relaciones multicausales que hacen disminuir el énfasis del sujeto o individuo como único en su decisión, sino como referida a un sistema que lo referencia a sus posibilidades con objetos exteriores, donde la búsqueda objetiva radica en describir las pautas relacionales que han quedado aún invisibles.
La individualidad pierde su carácter central y se abre a una apertura relacional de co-influencias recíprocas recursivas que lo limitan o lo potencia a una acción de otra. No tan solo el sujeto se regula a sí mismo a través de un mensaje que activa una acción de termoestato, o recibe información de su medio por cada acción que vaya haciendo, autoreguládose y organizándose adaptativamente sus conductas a su medio. En la Psicología Sistémica, esto mismo está dado, brindado, pauteado en un esquema macro o sistémico, no siempre visible de diversas reglas del juego en operación en diversos sub-niveles de interacción que se relacionan activamente. Por tanto, la P. Sistema en su primeros avances, no aborda al sujeto como sujeto único, debe abordar (como así mismo da cuenta la filosofía estructuralista) en sus múltiples referentes semióticos, sintácticos de complejos multicausales que brindan o permiten luego lo que conocemos como la acción o el reconocimiento de ser o representarse como humano.
En este sentido, tal como en el ejemplo del tablero de ajedrez, se estudia las variables externas y las pautas conductuales en relación y copertenencia de unas a otras para el producto que conocemos como ser humano.
En resumen, uno no es por lo que piensa o actua, sino por donde uno está.

Existe un psicoanálisis relacional más acentuado en los procesos sociales o intersubjetivos que dejan a veces bastante de lado la (in)temporalidad u (des)organización propia intrapsíquica por una homogeneidad consensuada de los juegos de lenguaje compartidos en diversos contextos (Searle, Wittgenstein). Sin embargo, como se suelen decir varios autores, André Green enfatiza la preocupación del Psicoanálisis de tomar en consideración tanto lo intrapsíquico como lo intersubjetivo. Para no ser injustos con la P. Sistémica por otro lado ha progresado a su encuentro con el constructivismo en sus modos narrativos (segunda cibernética) de otorgar sentido a la experiencia, por tanto para la perspectiva sistémica no todo es pautas de interacción de sistema familiares. Desde este punto de vista su marco de referencia no se aleja sustancialmente a de autores como Guidano y su Organización de Significado Personal que incluye tanto las pautas vinculares de crianza como las escenas nucleares que dan sentido a la organización del Self narrativamente.
No obstante, la aparente coherencia narrativa buscada, esa implacable homogeneidad narrativa que lime las diferencias, que coherencia el continuo en sus futuras discontinuidades, omiten el peso o huellas de un pasado que repite, lo desapropia, no importa qué modelo narrativo se curse en juego, hay que como diría Lacan en el seminario XI dar a reconocer el tiempo a ese tiempo inconmensurable que se repite, algo que vaya más allá de lo narrativo consciente.

Por lo tanto, el Psicoanálisis no está de acuerdo con posturas que señalarían que "sería difícil denominar "lenguaje" a un código totalmente privado que no permitiese la comunicación con ningún otro ser humano. En resumen, el significado depende de la inteligibilidad y esta es inextricablemente lingüística y, por tanto, relacional." (Botella & Pacheco, 1998) Recordemos que previamente al lenguaje o al sentido, hay una serie de diferencias que el lenguaje no alcanza anudar lo particular o diferente de cada persona. Lacan tiene razón cuando dice que el lenguaje no está hecho a la medida de uno, uno se inserta en él y busca o intenta creer ser representado por aquél, aunque sea, la única forma en las diferencias particulares de cercarlo. Puesto que los sueños como código privado (con su propio mensaje), no tendrían (para los sistémicos) comunicación o finalidad alguna, pues no posee aquella inteligibilidad o aspecto relacional (sean sueños traumáticos, pesadillas o simplemente contenidos manifiestos que tienen asociaciones latentes). En este sentido, el Psicoanálisis es contrario a la tesis de Wittgenstein donde según él, no existiría un lenguaje privado que no esté mediado por su uso o consenso social.
En resumen, la diferencia entre la Teoría de Sistemas y el Psicoanálisis, es que el último consiste en el no-cierre, en la no completa comunicación entre sus partes, en la relación con un excedente o resto que siempre escapa en los cálculos de su sistema.
 De no ser así, contrario a la visión Psicoanalítica, sería operar (desde el Yo) en lo que aspira al cierre, a la totalidad o la plena coherencia entre el yo del "yo soy". Lo imaginario o el yo que se pretende aspirar a un circuito cerrado que nada le falte a su imagen, aspira a ese goce sintomático de llenar su falta u ocultarla, sea mediante síntomas, cambiar su posicionamiento especular de su imaginario bajo la transferencia. Lo que conllevaría cerrar los enigmas y las preguntas fundamentales que permitan asociar lo que el paciente necesita asociar. Comprender comunicacionalmente es obstruir la posibilidad de emerger algún excedente que escape al sistema cerrado intercomunicado de "yo a yo".


Además, la Psicología Sistémica se queda corta con sus descripciones, ya que no todo se puede comprender o explicar por los sistemas en juego, hay también inconciente, deseos, represiones, transferencias de huellas pasadas, compulsiones a la repetición, historias biográficas, que no se comprenden a partir de ellos. Puesto que al ver el sistema, es mirar superficialmente las partes en juego, ya que sólo toman en cuenta la sintaxis y no lo semántico en juego. En otras palabras, para ellos, la sintaxis siempre revela la semántica, siempre está subordinada a ella. Dicho en simple, el sujeto es, en cuanto situado o posicionado en algo que siempre lo excede fuera de él, su núcleo está vacío y queda como una caja negra (a la clásica idea del conductismo).
Entender un síntoma que no se comprende desde lo puro presente, obliga a revisar el pasado (sus particularidades y sus propios códigos y mensajes inconcientes).
La segunda cibernética, no solo sigue siendo superficial, la "narrativa" que aún trabaja desde el YO como motor que coherencia la narrativa del sujeto SIN elaborar los deseos particulares, omiten las diferencias y la propia voz aprisionada en las homogenidades de los sistemas (reglas de juego) tanto familiares o institucionales. No se mira más allá del "yo soy" o el "yo creo ser".
La psicología sistémica mira al sujeto como una posibilidad contextual que tendría la misma carga o potencia a la acción. Si un sistema está viciado es "obvio" para ellos, que un paciente haga síntoma probablemente, PERO no miran que en CADA SÍNTOMA SIEMPRE HAY GANANCIA SECUNDARIA. De otra forma ellos dirían algo falaz algo como: "pero bueno, alguna parte del sistema mayor no vemos y ahí estaría la causa de que el síntoma responda de dicha manera y no de otra", omiten allí todo análisis a lo intrapsíquico, el peso de sus huellas pasadas y sus ritmos.

Es fundamental pensar al sujeto como escindido entre lo que dice y lo que dice más allá de lo que dice, o sea, lo dicho, es dicho por otro, es dicho desde la posición de un enunciado que lo revela como un sujeto de deseo. Donde los contenidos concientes del discurso en el "yo soy", "yo pienso que", en su concatenación ligante discursiva y asociativa presenta diversos tropiezos, sean lapsus, olvidos, recuerdos oníricos, chistes, silencios, repeticiones, que dan cuenta de algo mas allá del discurso, algo sobre su conciencia donde transitan materiales reprimidos aparentemente olvidados, desplazados  o desfigurados en síntomas o enmascarados en emociones defensivas. La mirada de esta orientación, no es pensar que la voluntad deseante del sujeto se dirige a un objeto, mas bien "no es un sujeto que desee sino que es arrasado por algo cuyo origen desconoce y cuya intencionalidad no comprende. Se trata no solo de develar, hacer conciente, sino también de generar las condiciones para acompañar al sujeto en su protección ante esa parte de si mismo que no puede controlar.” (Bleichmar, 2009). En este punto sugiero leer mi ensayo posterior sobre las "Construcciones en Análisis" para profundizar más este último párrafo.



En su diferencia con la Psicología Sistémica, para el Psicoanálisis, es importante señalar que todo lo expuesto hasta aquí, no se lograría si no se contrapusiera a la comunicación con sus reglas o juegos del lenguaje (de las expuestas por la Filosofía Analítica del Lenguaje Corriente, como L. Wittgenstein y J. Searle), una invitación de asociar con mayor libertad, trastocando dichas reglas, abriendo lo que en Psicoanálisis se conoce como la Transferencia, por ende, agregando lo que nos dice Pola Roitman Woscoboinik (2009) "la propuesta de partida para esta “aventura” tan especial que es un psicoanálisis, es asociar libremente. Narrar, de la manera más espontánea posible, todo… todo… lo que transcurre por la mente, salteando juicio crítico alguno. Apelación a otra lógica. No siempre somos conscientes del desafío que esto supone con relación al despliegue de una intimidad que sabemos siempre coartada. También, porque nuestra demanda enfrenta al paciente con reglas del “sentido común”; con “lo racional” en su acepción más simple; con códigos que hacen a los “usos y costumbres” de la comunicación humana. Ofrecimiento de una posibilidad y, a la vez, de una renuncia."

Así, buena parte de la práctica clínica psicoanalítica radica en romper ciertos cánones comunes de la comunicación humana (la sostenida por los sistémicos) hacia alcances más vastos desde una lectura transferencial que promueva los corrimientos de múltiples sentidos contradictorios, condensados o fragmentarios de un discurso o de un saber "conciente" y así expandir el sentido unirateral "transparente" de la comunicación (emisor-mensaje-receptor) bajo su supuesto homogeneo de: "A le dice a B que C, quien B siempre será B y C solo es C porque A sabe que B jamás será otro que B y C tiene un solo sentido que no es otro que C ya que A siempre sabe lo que le comunica a B". Para luego, transformar el sentido unívoco o unirateral a algo como: "A le dice a veces a B algo similar a C" bajo transferencia


Si bien la Segunda Cibernética Sistémica se ha nutrido con diferentes teorías y en especial en la Sistémica que toma los Marcos Teóricos del Psicoanálisis con respecto al Vínculo de Apego, algunos otros más heterodoxos y osados sobre las Relaciones Objetales (Klein) y por último tomando la corriente de moda en la actualidad (en otro ensayo me alargaré criticamente sobre ésta última) la Psicología como "Narrativa" o "Hermeneutica".
En donde justamente reconocen que el sujeto, en su ser, tiene historias, relatos que lo llevan a autoreferenciarse de un modo que lo lleva actuar de cierta forma, que sus emociones en sus vínculos tempranos lo llevan a forman alianzas o mantenerlas con cierto tipo de figuras de Apego dentro de una distorsión objetal. Afortunadamente han sabido sacar provecho a estos marcos teóricos para su clínica. Estos últimos puntos, en otro ensayo los criticaré en tanto superficialidad, pero será en otro momento cuando critique en conjunto a la Psicología Fenomenológica-Hermenéutica.

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