domingo, 7 de febrero de 2016

Hipersensibilidad Social a la Agresión

Antes de partir, me pongo el parche antes de la herida. Quizás lo que redacte aquí exprese muchas generalidades, parcialidades o poca profundidad de pensamiento. Sin embargo, aunque pueden ser cuestionables los puntos que definiré aquí a modo general. Creo que algunos puntos tienen importante cabida en diferentes contextos particulares (o futuros) a discutir socialmente.

Me parece bien que se critique en sentido postmarxista (Teoría Crítica) o Genealógico todo intento de posesión (dominación) o sustracción de fuerzas a un otro individuo o sujeto. No obstante, creo que es muy delgada la linea entre un severo super yo Obsesivo neurótico, que de una sincera responsabilidad ética por el Otro. Pues el miedo a no poseer, de atacar, de ser agresivo, se convierte en cierta medida en un imperativo cada vez más ideologico. Por supuesto, es imposible delinear aquellas atribuciones contextuales a cabalidad, pero el efecto no es menor en ciertas colectividades donde la violencia se reprime, mejor dicho, se reprime la violencia SEA CUAL SEA; lo cual en muchos casos es eticamente válido. sin embargo, sigo siendo Freudiano al considerar la agresión humana como algo natural y no eliminable. Esto último contrasta con la ideología de la NO agresión (sea cual sea), impulsando categóricamente una idealidad ética Psicológica de un sujeto integral "maduro" de "seres no violentos".

Conocemos los paradojales efectos en los padres de hoy en día, en que no son capaces de decirles "no" a sus hijos pues eso (según ellos) atentaría contra... (su libertad es violentada)... eso sería violento en tanto que (frustrarlo es agredirlo)... índices que muestran un claro complejo Super yo temerario, bajo el influjo moderno del capitalismo que brinda un "sí" como mandato a casi cualquier deseo.

Creo que el imperativo de no cosificar al otro, es algo inevitable transgredirlo, lo hagamos consciente o no. Si leemos el "Malestar en la Cultura" de Freud, por pesimista que sea, refleja algo inherente a nosotros como simios hablantes, la Agresividad. La cultura new-age junto también a los imperativos de la anti-agresión, promueven una seudo-psicología humana como si se combatieran a un continente de nuestro "interior contaminado", por el ritmo moderno (ya que el humano supuestamente es cándido y noble). Contrasta con la postura Freudiana de la agresión como constitutivo, que lo es a tal punto, si lo vemos que la agresividad nace mordiendo a la madre, pellizcando su pecho o vomitando su comida.

Sin duda en el caso del bebé la agresión no es sadismo a un otro, no se percata del daño al prójimo, ni tampoco empatiza por su agresión, es una tensión que arrasa con el otro. La tensión, acumulación agresiva es parte para muchos un emblema de nuestra cotidianidad. Sobretodo bajo la velocidad moderna global, la ansiedad o stress socio-laboral, generan espacios de urgencia en dónde vertir en un campo social libidinal la tensión acumulada. Lo que vemos ahora son evasiones, como los narcóticos (psicofármacos) o alcohol o simplemente escapes abruptos o también un pasaje al acto con consecuencias fatales (suicidio u homicidio). Todo aquello choca con el imperativo de no ser agresivos, no cosificar al otro, ser maduros en cómo expresarnos, tolerar la frustración, realizar deporte, meditar, etc (ser una persona de bien y educada). No es algo que podemos con educación erradicarla. claro que no, el humano cosificador y violento siempre estará aunque lo censuren, aunque hagan leyes nuevas. Por ejemplo, en los imperativos ideológicos ultra Marxistas de la IGUALDAD ante todo como teleología (eliminando consigo de paso la violencia social), paradójicamente genera violencia, erradicando la desigualdad aún bajo violencia (casos así de extremos son una ocultación "más digna" a una envidia infantil por el otro). No es inusual entonces, ver agrupaciones en defensa de Derechos Humamnos o Ambientalistas, adquirir un carácter violento de protesta similar al victimario que denuncian. Se ingesta entonces, una cultura de disculparse por sus propias pulsiones, de preferir consumir lo que sea combativo y crítico de masas.
Son necesarios modelos críticos sin duda para combatir la violencia, pero al mismo tiempo hay que preguntarse siempre: ¿cómo combatir algo que nos hace humanos? ¿En qué rincón guardar el polvo debajo de las alfombras? Estamos claros que SIEMPRE a lo largo de la historia, podremos encontrar sucesos o procesos de aprovechamiento económico y político: Un deseo que busca imponerse a otro deseo, una idea que busca imponerse otra idea, etc. Es necesario, sin duda, combatir la injusticia día a día, pero no es menester siempre combatir a priori cualquier supuesta "injusticia" si vemos que un deseo de poseer, de luchar, aprovechar o de competir es parte natural de nosotros mismos. Algunos dirán que alcanzaron un "despertar espiritual" de no sentir odio ni rabia frente a nadie, o, mejor aún, son capaces de observar desde la altura la violencia del mundo que para él, le es ya ajeno. Déjenme decirles que son los más hipócritas, alcanzan su funcionalidad reprimiendo (muchos de ellos encerrados en monasterios o sectas), consumiendo ideales que barren la pulsión, trabajando frenéticamente por la obsesión en mantener al orden sus impulsos acorde a una supramoral ideológica. No son más que unos sacerdotes que predican el bien hacer, pero que siempre encontramos en su desnudez sus pasiones y crímenes oscuros. Estas figuras condensan un super yó ético como modelo a seguir ideológicamente, anuncian un superhombre psicológicamente no-violento (maduro) y correcto: Jamás dirá un chiste cruel, jamás dirá una crítica hiriente, no pondrá en ridículo a nadie, no tendrá pre-juicio alguno hacia los demás. ¿Acaso se debiese agregar también que jamás realiza una venganza, nunca guarda rencores, jamás dice algún insulto y por ningún motivo desea un mal a otro? Tengamos miedo a nuestra agresión, temor a nuestra propia violencia, como un antaño imperativo religioso represor fuese. Lo curioso de todo esto, que estas idealidades psicológicas de un deber-ser humano no concuerdan con las pasiones e impulsos, caso contrario, no nos explicaríamos los innumerables casos de personas que predican y no practican lo que idealizan.

Como dijo Thomas Szazs: "En el humano es definir o ser definido, en los animales es comer o ser comido". No podemos evitarlo, salvo que rehusemos del Lenguaje o dejemos de hablar con los demás. Creo que hay un imperativo de no dejarse definirse por Otro y que otros no te definan por ser "violento" a priori. Lo cual conlleva a mi parecer a una horda de sujetos hipersensibilizados paranoides que a todo lo acusa una agresión implícita. La formación de carácter o su coraza ya son conceptos añejos, de una Edad del viejo Oeste o de tribus "salvajes" sin "buena educación" como la occidental "democrática". A veces, se cae en victimizaciones pasivas sin una gota posible de responsabilidad activa por alguna circunstancia, pues a priori, o casi siempre, un otro es totalmente responsable de mi padecer. Todo es pasivo frente a la violencia, no hay una pregunta, si de por casualidad, algo estoy (o estaré quizás) haciendo activamente o implícitamente para co-generarla.

Podemos enseñar o educar a un sujeto a "valer sus derechos", estimular la demanda colectiva, estrujar al sujeto a lanzarse a ser un ser-combatiente, de lucha frente al sistema, frente a las masas con conciencia de clases, ocultando (sublimando lo mayor posible) consigo la envidia y el egoísmo latente que lo disfraza en frases discursas de combate en justicia, confeccionando disparos tan viscerales y agresivos como el de su oponente. Siempre con un rol social de actor social, bajo el disfraz de: "yo no soy agresivo ni violento", "maduré, transcendí mi odio".

No hablo, de una libertad pulsional plena, ni el despate represivo ético, señalo aquí, lo importante que es dar cuenta qué fuerzas comanda esa nueva represión de nuestras pulsiones, que lo queramos o no son envidiosas, celópatas y posesivas. Junto con qué efectos en nuestros cuerpos o subjetividades nos conlleva esta práctica social del pacto de no agresión, cada vez más vigilante panópticamente (cámaras de celular donde al exponerse en la red, todos podemos ser observadores y jueces ilustremente morales de algo repudiable) y limitador de la descarga pulsional. Este colectivo idealista genera una "espiral del silencio" (teorizada por Noelle Neumann), donde nadie se atreve a decir que (alguna vez) ha sido violento o agresivo, mientras eso se produce, menos gente lo dirá y más aparentemente en lo social habrían menos personas agresivas. ¿Estamos condenados quizás en un futuro a no tener malos pensamientos? Los espacios sociales tendrán menos acogida y escucha a comprender un pensamiento vengativo, de rencor o de agresión. De modo que su atenta persecución social hará inviable buscar otras redes de descarga o comprensivas. Y así, la ira, la rabia, la agresión nunca serán los modos de expresión sin importar lo severo de la tensión (sea cual sea la tensión o sea cual sea la agresión).

Esto conduce a enjuiciar retroactivamente las prácticas sociales pasadas con una altura de mira superior éticamente. Nos parece escandaloso lo "salvaje" que era el ser humano anteriormente o bajo otras culturas menos globalizadas, y lo mucho que se deberá educar para el "progreso" de la convivencia ética (no olvidemos que aquellas culturas pretéricas o lejanas son culturales y tienen sus modos propios de convivencia y códigos que para ellos mismo no le son violentos necesariamente o no es tema a pensar, no siempre lo que nos trauma a nosotros, para ellos es necesariamente traumante, es mucho más complejo, a veces sí ocurre y otras no). Es fácil desde afuera criticar una cultura sin observar su conformación o códigos propios. Podemos hacer alcances éticos o pensar en cómo deberían ser las cosas (desde una perspectiva occidental o eurocéntrica), pero solo muy pocos logran plantear soluciones tangibles, más allá de un lamento "evolucionado" desde el Olimpo. Nos quejamos de lo que no debiese ser, pero no es fácil plantear una solución acorde al clima cultural presente. Enseñemos ateísmo a las comunidades, combatamos la diferencia de género, todo suena sencillo y obvio de formular bajo una consigna de "pobre gente, no tiene educación y le falta progreso", sin percatarse que cualquier idea o fórmula debe arraigarse al contexto socio-cultural en sus diversos vértices complejos: económico, político, género, tecnológico, cultural, etc. Cada una de ellas incide y afecta, no se puede parchar un área esperando que por arte de magia las demás concuerden al unísono. Podríamos así, también, censurar todas las series animadas como Tom & Jerry por su violencia, o, series como el Chavo del 8 por su violencia de género y un largo etc. Como volviendo a la crianza de: "si miras o lees algo violento a priori serás violento", o, "si te juntas con gente X serás X".


Se está produciendo un carácter de seres hipersensibles, donde la broma, el humor de sí o la sátira, ya no son considerados bienvenidos. Una hipersensibilidad legalizada, donde el humor de sí mismo se destruye en una seriedad de Derechos Dignos. Bajo una dignidad sensible, el mofarse, ridiculizar e incomodar son acciones performativas derivadas a una censura a prirori dispuesta a malentenderse por hipersensibilidades. Sería mejor en tales casos, también propiciar la indiferencia, el no tomarse a pecho las cosas, reírse de sí y no solo legalizar lo hipersensible a derecho. En caso contrario, lo siguiente será una personalidad que diga ante cualquier escenario: "No cambiaré ni un ápice mi forma de ser y de sentir, el mundo me es intolerante y deberá cambiar, pues atenta a mis derechos de libertad." Allí, en modo alguno habrá una modificación interna de adaptación, todo se proyectará al exterior, no hay tolerancia a la frustración, pues debe proyectarse una tolerancia a mis frustraciones.


Concluyo que es necesario complementar, el pensamiento crítico junto con delinear los cambios o efectos que producen un exceso de imperativo social que cohorte cada vez más cualquier gesto por "abusivo, violento, agresivo". Pues en lo que respecta a mi opinión, no es un proceso imparcial de efectos neutros. Tampoco implicaría navegar en un relajo bajo "status quo" o "nihilismo ético", pero sí de afrontar el tema de un modo más realista y menos idealista. No se trata de catalogar al humano como un ser, o más violento o más empático que violento (que como vimos, una empatía podría ser motor de una agresión o lucha hacia otro en respuesta). Queremos decir que la empatía no es originaria, se constituye. Primordialmente como vimos, la agresión de la tensión es la primera expresión de un bebé, luego, bajo una dependencia parásita a su cuidador podrá estar tranquilo y regulado en su pulsión. No se trata de permitir cualquier tipo de violencia (esto último lo redacto en caso que alguno me haya leído sin entender nada de lo escrito), es enfatizar que reprimir cada vez más cualquier tipo de agresión o violencia, puede generar nuevas violencias, peores agresiones abruptas y menores vías de escapes a nuestra necesidad de expresar la agresión.

Si quieren, puedo ser más gráfico, imaginemos una olla a (re)presión, que cada cierto tiempo emite un escape de calor. Debe estar constantemente vertiendo calor, pero en la medida que pierde su capacidad de sublimar la masa calórica y tiene menos vías o válvulas de escape, más potente será la descarga que puede en algún punto hacer colapsar la olla. Por mucho que a la olla la descarguemos con otros medios posibles, siempre quedará un reducto no menor de agresión e ira indominable de la cual como sociedad debemos hacernos cargo, sin creer que aquello no exista.

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