Volviendo a Freud, hacer consciente lo inconsciente no es un CEDER vs NO CEDER, es transformación como mediación de lo que se va haciendo consciente, permitiendo nuevas vías facilitadas posibles para decidir o re-pactar.
Mientras Lacan empuja al sujeto a un "todo o nada" trágico del "no ceder" (Antígona y Sócrates), Freud propone la mediación-conciliación (elaboración, interpretación y construcción). Hacer consciente lo inconsciente no es elegir entre ser un mártir o un ciudadano dignificado por la muerte. Contrario al extravío de Lacan, regresando a Freud, es descubrir los hilos del tejido biográfico y del narcisismo para que el sujeto deje de ser "actuado" por sus represiones. En otras palabras, dejar de ser actuado ante lo que "no cede", no según a ese "conforme a un deseo que lo habita" que nos sermonea Lacan, más bien, desde Freud, es des-con-formar la pulsión mediante nuevos enhuellamientos transformadores que crean nuevas vías para metabolizar.
El psicoanálisis freudiano al constatar que el Yo nunca será pleno trasparente a sí, su clínica no busca que el Yo sea amo de su propia casa, pero tampoco un "héroe" de su tumba. Que Freud revele la imposibilidad de poder ser pleno en su propia casa, para Freud esto no implica que no podamos explorar sus cimientos, reordenarla, mudar, sustituir o re-amoblar. Pero en la "estafa" de Lacan (apología de estafar en su Seminario 24) es convertir "la Falta" de mediación, hacia un narcisismo agujerado bajo "estética del deseo" que evite el trabajo "sucio" de la renegociación pulsional bajo diversos tipos de representaciones desde la Metapsicología Freudiana (su tópica, dinámica y económica).
Al elevar el "no ceder" a categoría ética, Lacan valida la inflexibilidad neurótica, donde Freud simplemente las catalogaría entre los 5 tipos de resistencia clínica. Si el sujeto se queda fijado en su "No ceder" sin pasar por la diacronía de su historia, no habrá análisis, solo apuntalamiento-escansión del síntoma para arrojar a un "no ceder" en acto que aún espera. Si no hay "ceder" que medie, lo que queda no es un sujeto libre, sino un Súper-yo punitivo que exige el sacrificio máximo (la muerte) para sostener un Ideal (el No-Saber) que es, en sí mismo, incorruptible porque no existe algo a su altura narcisista que lo frene.
La ética lacaniana sería una estetización de la pulsión de muerte. Al no haber negociación con la vida (elaborar y metabolizar duelo), el acto socrático es un "pasaje al acto" melancólico: un salto al vacío que busca castrar al Otro para siempre. Sócrates no muere por la verdad, muere para que nadie más pueda tener la razón (incluso si aplicara para él mismo, goza de ser el primero en decirlo o quien deja perpleja a toda una polis en su exhibición).
La propuesta de Lacan en última instancia, es una apología del sacrificio narcisista resistente, vendiéndonos "un deseo puro" al cual no ceder, pues al remover el "lastre del Yo", ya no tendría que vérselas con nada con quien negociar, solo frente al agujero vacío que atraviesa "LA" Falta "fundamental o la perpetua hiancia del ahuecado sujeto como conjunto vacío.
Para resumir, al elevar el vacío como categoría en la Estructura, Lacan le da un estatus ontológico al agujero que justifica con el nihilismo clínico del Otro-barrado y sujeto-ahuecado.
El yerno de Lacan y analista de Žižek, J.A Miller nos ejemplifica este método que llamó "ético y responsable" del "no ceder". Miller (1997) exponiendo el caso de una paciente que llevaba 10 años sin consumo problemático por alcoholismo (sobria evitando factores de riesgo), que en función de su llamada "ética responsable" del no ceder, Miller a propósito empeora el malestar (provocando la recaída del alcoholismo) bajo la negligencia de arrastrarla al "riesgo ético":
- "Es preciso decir que durante esos diez años no bebió una gota de alcohol (...) Preguntarme si aceptaba a esta mujer en análisis fue una cuestión de orden ético. Me pareció que no se trataba de una alcohólica sino de una histérica que bebía. Fue entonces una decisión ética, y responsable, admitirla en análisis y disociarla del significante "Soy una alcohólica", significante que le permitía ser abstemia” (p.76).
Aquí Miller, a priori establece que identificarse con algún significante (cualquiera que sea) sería un mal en-sí, por tanto, desbaratarlo en un bien en-sí, NO IMPORTA qué consecuencias tenga (como veremos a continuación), pues le impone un "no ceder" al alcohol empeorando sus síntomas. Sin importar el daño que se infrinja, pues, actúo según "conforme al deseo que la habita", pues antes cedía a beber. Sin importar lo que suceda ni lo grave que ocurra, pues la pulsión mortífera debe ser libre a "no ceder".
Luego, dos años empezado el "tratamiento", Miller (1997) sin pudor nos relata su "ética del riesgo":
- "Después de dos años volvió a beber. Fue el primer resultado del análisis, mas no fue un efecto terapéutico, sino contraterapéutico. En este tipo de suceso, se ve que introducir a una persona en una posición de sujeto implica riesgos muy amplios, riesgos que conciernen a la ética del psicoanálisis. El precio que pagué por esa decisión fue aceptar atender a esa mujer todos los días de la semana, durante cinco años, y cuando ella quería” (p.76).
Claramente Miller recibió por su negligencia, mayor dinero de su paciente al acudir más reiteradamente a sesiones por el quiebre y malestar provocado (en las mismas sesiones). En esto, podemos reconocer en Miller su ímpetu en destruir la abstinencia (por 10 años) que cede-negocia para no recaer al alcoholismo. Al direccionar su ceder, lo lleva a cruzar al "Áté" o "entre las dos muertes", para que se no ceda al alcohol. Todo esto obviamente con el módico precio para que le paguen a Miller más sesiones frecuentes, donde finalmente, ella terminó pagando el doble su condena tras regresar al alcoholismo.
Todo esto tiene exacta coherencia con lo que citamos de Lacan (S.VII) en nuestra primera parte: “En último término, aquello de lo cual el sujeto se siente efectivamente culpable cuando tiene culpa, de modo aceptable o no para el director de conciencia, es siempre, en su raíz, de haber cedido en su deseo" (p.379). Conforme al “deseo” que lo habita, como “ética” Lacan (S.VII) sermonea su dogma: "una revisión ética es posible, un juicio ético es posible, que representa esta pregunta con su valor de Juicio Final -¿Ha usted actuado en conformidad con el deseo que lo habita? Esta es una pregunta que no es fácil sostener. Pretendo que nunca fue formulada en otra parte con esta pureza y que sólo puede serlo en el contexto analítico" (p.373). Para que finalmente, como dice Lacan (S.VII): “el polo del deseo, muestra que el acceso al deseo necesita franquear no sólo todo temor, sino toda compasión, que la voz del héroe no tiemble ante nada y muy especialmente ante el bien del otro“ p.384).
Como ya lo vimos, desde el primer Seminario, Lacan (1954) ya lo predicaba: "De esto se trata al fin de un análisis; de un crepúsculo, de un ocaso imaginario del mundo, incluso de una experiencia que limita con la despersonalización" (p.339). No olvidemos lo que revisamos del Seminario 8, donde Lacan (1961) sostenía que: “efectivamente pueda haber alguna relación del analista con Hades, la muerte, como lo ha escrito en el primer número de nuestra revista una de mis alumnas, con la más bella altura de tono. ¿Juega él o no con la muerte? Por otra parte, yo mismo he escrito que, en esa partida que es el análisis, y que seguramente no es estructurable únicamente en términos de partida entre dos, el analista juega con un muerto. Volvemos a encontrar ahí ese rasgo de la exigencia común, que debe haber en ese pequeño otro que está en él algo que sea capaz de jugar el muerto."
Retomando a Sócrates, no hay mayor eje narcisista que si me voy te vas conmigo (culpar a la Polis, vengarse, no ceder resistiendo), tal como en la melancolía: Si el objeto se va yo me voy a la sombra junto a él. Mientras en el duelo freudiano hay metabolización y negociación en mediación ante la sombra que deja el objeto sobre el yo, a modo opuesto, para Lacan al ser Estructura, fija el vacío del deseo como límite de una pureza heroica más allá de los Bienes cotidianos, por tanto, para Lacan no hay mediación entre el vacío puro y el Yo. Dicha "pureza heroica" que Lacan habla en el Seminario 7 (La Ética), como ya citamos en extenso anteriormente, no es más que una melancolización del deseo.
Al eliminar la "mediación o pacto civil" (el compromiso con los bienes y lo social a metabolizar) para fijarse en el vacío de Estructura, Lacan barra una estructura de la Falta hacia una posición que, desde Freud, es puramente patológica como melancolía del narcisismo.
Al proponer una ética que "no cede a su deseo", Lacan rompe todo "proceso secundario" freudiano y su ligadura metabólica. Sin mediación, el sujeto queda a merced de una pulsión de muerte "estética" que se disfraza de "deseo puro" a "no ceder" como "brillo". Esto que Lacan llama "atravesar el fantasma", para Freud en cambio es una fijación melancólica a la sombra proyectada que impide cualquier metabolismo vital.
Puesto que en el Acto del: "Si me voy, te vas conmigo" (venganza como objeto denigrado). En la melancolía, el yo se identifica con el objeto perdido ("la sombra del objeto cae sobre el yo"). Si Sócrates se identifica con el desecho (la nada), obliga a Atenas a quedar ligada eternamente a ese vacío del saber (erguido por Lacan como posición ideal de un analista que se barre a sí mismo como semblante cadavérico).
Podemos leer la muerte de Sócrates no solo como mera enseñanza, sino como una venganza al pueblo. Como precio narcisista contra su propia vida, cuyo costo fue que la culpa del ciudadano sea infinita (a diferencia de la historia de jesuscristo donde antes de morir perdonaría para no dejar deuda). Empleando Sócrates como defensa la ironía, ya no sería una búsqueda de verdad, sino una herramienta de castración a la polis. Dando como resultado que Sócrates se convierta en el Ideal del Yo Lacaniano, un supuesto mártir "calmado" mientras reflexiona (falsamente sereno ante la muerte), logrando la inmortalidad narcisista que la Polis le quería negar.
Pero en Lacan, en vez de ver este infatuado narcisismo, compone su apología de "atravesar el fantasma" (dejar de ser esclavo del deseo del Otro). Una especie de compactación narcisista al vacío sellado. Es decir, el sujeto se "autocompleta" mediante su propia nada como referente absoluto.
No hay lugar de duelo para la Polis, porque Sócrates no permite la negociación. Al beber la cicuta, congela el tiempo. Es el acto narcisista absoluto: "Mi muerte será el vacío que ustedes no podrán llenar jamás". Mediante su desaparición, aprisiona al Otro consigo. Lo mismo Antígona cuando se venga socialmente en el acto de sepultar a su hermano frente al Coro exhibido.
Al afirmar "Sé que no sé nada", intenta con falsa humildad, no atacar tan directamente (no es revolucionario de armas), sino que "venga" su verdad filosófica exponiendo la ignorancia del amo (la Polis ateniense y jueces). Es una venganza pasiva-agresiva, donde bebe la cicuta aparentemente con calma (como ya lo citamos, deseando directamente la venganza), pero deja a la polis con la culpa irreparable de haber matado al único "sabio". Lacan ve esto como un acto analítico que somete al $ujeto a confrontar su división, pero desde una perspectiva que "siembra nihilismo" del vacío en deseo. Vale decir, si nadie sabe, entonces la justicia es un mero "significante vacío", un mero velo sobre la Falta mística. Sócrates denuncia la justicia no como anarquista, sino como analista que revela que el Otro no existe (o está castrado), lo que erosiona-barra la fe en las Instituciones y "siembra" dudas existenciales en los ciudadanos (a excepción si adhieres a una secta lacaniana del monopolio de moda, obviamente...).
Como performance, su venganza es dialéctica y estética: No mata al amo (la polis o jueces), pero lo deja "herido" en su legitimidad, promoviendo un nihilismo epistemológico ("nada es cierto") que Lacan asocia con la ética analítica: no ceder ante el deseo, aunque uno mismo se autodestruya a sí (pero de nuevo, esto no atañe si eres matriculado por membresía en una Escuela sectaria lacaniana: una excepción al nihilismo para adorar a San Lacan en su monopolio).
En resumen, Sócrates se "venga" contra la polis no con violencia, sino con un "ideal de analista" que Lacan gesta bajo el nihilismo. Al denunciar la justicia como "inconsistente", en "Falta", no hay verdad ni saber, entonces queda el corte, su Real indómito cayendo al agujero. Lacan no busca calibrar su fetiche de lo "inconsistente" (pan-inconsistencia ontológica) que termina en una erosión que se devora a sí mismo en su agujero central de vacío perpetuo, esto porque uniforma los diversos tejidos complejos a la nada. El sujeto ahuecado-barrado se desintegra en la nada de un significante que remite a otro: afánisis desfalleciente, fading, intervalos místicos, etc.
En este caso, el sujeto sigue siendo esclavo, ya no de un Amo, sino de una auto-imagen idealizada, tan "brillante" que deja vacío sin silueta alguna, erosionando cualquier base o terreno a cultivar (salvo que hagamos la jerarquía piramidal del AME al AE del PASE en pasos sectarios gremiales).
El rechazo de Lacan a la Mediación como metabolización, despreciando la "mediación de los bienes" (la salud, la economía, la paz social), Lacan culmina tachándolas como meras defensas neuróticas "que ceden" frente al mágico místico das Ding de la nada purificada.
Volviendo a Freud, el Ideal del Yo es la respuesta del narcisismo secundario tras la castración de su narcisismo primario, edificando frente a ella un proyecto que le prometa un nuevo lugar futuro. Sin embargo, en el plano de "no ceder al deseo", pasamos a una "Regresión" de fijación narcisista primaria que busca recuperar su narcisismo herido por la castración a través de un Ideal del yo fijado incorrompible que no cederá. Erosionando con un vacío parar arrasar toda la tierra para cultivar.
El "no ceder" no es un acto de Libertad ética, es solo una formación de compromiso bajo repliegue narcisista heroico-mártir terco. El "morir en su ley" como vacío sin mediación-ceder, es una forma de narcisismo secundario hipertrofiado. El sujeto dice: "Prefiero morir a que mi imagen martirizada (mi Ideal del Yo) se rompa".
La propia Antígona deja en claro su proceder y fines:
- "Todos cuantos me escuchan elogiarían mi proceder si su lengua no estuviera encadenada por el terror."
- "Allá en el reino de la muerte, tal vez sea santificada mi acción."
- "No tenía, pues, por qué yo, que no temo la voluntad de ningún hombre, temer que los dioses me castigasen"
- "No pretendas morir conmigo, ni atribuirte una obra en la que no has puesto tu mano. Basta con que yo muera."
- "Todos piensan como yo, pero tu presencia les sella los labios".
Si Sócrates en su acto final de beber la cicuta, le resguarda un lugar en la historia" como el más sabio (tal como intencionalmente lo confiesa en las citas expuestas). Allí estaría efectivamente intentando restaurar su narcisismo herido por la castración del juicio. Cumpliría su venganza, manteniendo en pie su Narcisismo (Ideal del Yo). Protege una imagen, de ser "El Héroe" protagónico de cada hilo de su vida, es decir, gobierna su "Yo" frente a la "Polis". De aquí es palpable la venganza de Lacan contra la IPA, quien le cuestionó su conductismo de sesiones breves y psicodrama (que estafan peor que taxímetro adulterado).
La reivindicación narcisista de Sócrates, transita en medio del "Solo sé que no sé nada", cuya herramienta sofística le fue perfecta para desmentir la castración impuesta por el tribunal (ustedes no pueden juzgarme porque no saben nada). De este modo, el narcisismo engordado, se coloca en un lugar de superioridad moral absoluta (un "Ideal del Yo" incorruptible). Si "yo no sé nada, uds tampoco", así revela aquella verdad del no saber: un sabio que lo releva antes que cualquier resto mortal. No existiendo prueba más irrefutable que morir por Ello para demostrar su lógica para dejar su huella histórica (crucifixión sin perdón, si prefieren).
Por eso Lacan (1956, 1961), como ya vimos, predicó la cadaverización del analista ante el saber, jugar con el muerto, el Hades. Como citamos antes, el lugar del analista para Lacan es la mayéutica que direcciona "nada sé", para perfilar la partera bajo lo ex-nihilo del vacío como deseo.
Situarse como lugar del desecho, ser nada, un objeto errático fuera del sistema, es una purificación aún más narcisista, no en sentido de seducir al Otro que lo ame o que se autocomplete como el más sabio de los sabios, sino, como el "ignorante-sabio" que se eleva frente a todo saber trazando. Se empoderaría sin importar el precio, incluso, bajo su misma muerte.
Lacan pretende que se podría desoldar el "Yo" con el "deseo", cuestión que desde Freud es imposible. Con Freud, la pulsión siempre recorre huellas tejidas en pliegues (no es al vacío o agujero de nada), aún si desea permanecer como "desecho social", desea algo que repercute al yo narcisista con sus defensas.
Freud en "Duelo y Melancolía" fundamentaba que el sujeto que se rebaja a sí mismo (auto-situándose como desecho), está dirigiendo una agresión hacia el objeto que lo ha decepcionado o abandonado.
La Venganza Socrática al elegir la muerte y el "no saber", Sócrates no solo se borra a sí mismo, sino que borra el mundo de los jueces. Dicho de otro modo: "Si yo no soy nada, vuestras leyes, vuestra ciudad y vuestro saber son menos que nada". Situarse como el objeto desecho por la misma Polis, no es una renuncia de sí, adquiere su máxima captura de poder Yoico. Es una victoria narcisista póstuma, desde su jugada al "no ceder".
Así mismo lo declara Sócrates:
- "¿Me condenaré a destierro? Quizá confirmaríais mi sentencia. Pero era necesario que me obcecara bien el amor a la vida, atenienses, si no viera que si vosotros, que sois mis conciudadanos, no habéis podido sufrir mis conversaciones ni mis máximas, y de tal manera os han irritado que no habéis parado hasta deshaceros de mí, con mucha más razón los de otros países no podrían sufrirme. ¡Preciosa vida para Sócrates, si a sus años, arrojado de Atenas, se viera errante de ciudad en ciudad como un vagabundo y como un proscrito! Sé bien, que, a donde quiera que vaya, los jóvenes me escucharán, como me escuchan en Atenas".
Sócrates y Antígona optan por el circuito Masoquista moral (sufrir la muerte en su omnipotencia del sacrificio que le hace "eterno" para morir dichoso) con exhibicionismo. En cambio, Aimée opta por el reverso del circuito mediante el Sadismo (dar la muerte directa como venganza para recuperar control paranoide) como acto.
En resumen, mientras Antígona y Sócrates engordan su Yo con la gloria del mártir (Masoquismo y Exhibicionismo vengativo). Aimée intenta salvar su Yo mediante la eliminación de los perseguidores (Sadismo y Paranoia).
El "no ceder en su deseo" es, en la práctica, un no ceder en su puesta en escena. Ofrecerse como el objeto de la mirada para el voyerismo de la posteridad. En cambio Aimée, rompe la mirada de los juegos en espejos. Aimée no quiere que la miren, quiere que los perseguidores dejen de mirarla (paranoia). El sadismo de Aimée fue una manera de "apagar las luces" que reflejan al espejo.
Aimée quien se ve perseguida ante sus reflejos, siguiendo a Klein, rompe el cristal para destruir el objeto malo. En lo esquizo-paranoide, destruye al objeto interno que proyecta en lo persecutorio para conservar algo del yo-bueno. Antígona por otro lado, sabiendo que el espejo es una mentira, atraviesa detrás de él hacia el vacío, para no traicionar su verdad, ni tampoco, tener que mediar o vengarse directamente como lo hizo Aimée.
Lacan ignora en medio del deseo en Antígona, aquella exhibición performática del entierro para buscar matar la Ley con elegancia estética como venganza, es decir, decide no ser como Aimée para matar directamente a Creonte como venganza. Por lo tanto allí, Antígona encuentra su salida elegante narcisista para su ropa estética, en cambio, Aimée es más brutal (sin el fetiche brillo estético), pues no conserva ese Ideal exhibicionista de vengarse.
Como venganza elegante, Antígona no mata a Creonte porque matarlo la convertiría en una criminal vulgar. Ella prefiere matar la Ley de Creonte suicidándose lentamente, dejando al soberano con las manos sucias y el peso de la culpa.
A diferencia de lo que pasa en la anorexia o el crimen de Aimeé, la Antígona de Lacan encontraría lo Estético como "brillo" entre sus "dos muertes". Vale decir, una venganza social que no agrede físicamente, pero es igualmente destructiva. Esto siembra perplejidad con horror en los ciudadanos, el Coro aclama, denunciando la justicia acontecida. Luego, Creonte va perdiendo su familia y su legitimidad colapsando dentro de su propia Ley. Antígona no cede ante el deseo, cuya fidelidad exhibe su motor narcisista (tu Ley vs mi Ley), dejando al Amo "herido" sin violentarlo físicamente. Aquello abarcó un montón de rodeos y Coros expuestos, en cambio, Aimée a su modo cruza el umbral atacando físicamente, rompiendo los espejos de sus perseguidores.
Lacan saborea más complacido con Antígona, pues tiene el ingrediente de "belleza" en una barrera que frena el horror (detiene la perplejidad ante la anorexia y de Aimée). Al morir Antígona "con elegancia", ella se asegura de que su Ideal del Yo permanezca intacto y eterno. Transforma su narcisismo como ideal de mártir en santidad. Antígona intenta domesticar lo vulgar del narcisismo mediante la "estética" para que parezca "ética", justamente lo que Lacan celebra en "no ceder a su deseo".
En otras palabras, Lacan impuso elevar a "ética" la sublimación del odio mediante lo "estético". Antígona como estilista de la venganza se exhibe ante la Polis, mientras que Aimée es la venganza sin maquillaje estético. Por esta razón, Lacan no pone el acto de Aimee como ético pues no tiene el condimento estético (a su capricho culinario). La ética de Lacan es, en el fondo, una estética de la resistencia yoica: "No ceder en su deseo" es el nombre elegante que da Lacan a una fijación narcisista que prefiere la muerte antes que la pérdida de su Ideal del yo.
¿Se puede purificamente desoldar el Yo del Deseo pleno? Para Freud obviamente no, el deseo siempre tiene una base pulsional (libidinal). No hay deseo "puro" o "desinteresado" del narcisismo con los pliegues del Yo en sus ideales. Si Sócrates o Antígona desea morir en su ley, hay una satisfacción libidinal (masoquista o narcisista primaria) en ese acto. El Yo y la pulsión están soldados, el "yo ideal" sigue operando incluso en el martirio.
Para Lacan, el final de un análisis aspira a una "desidentificación" pura. Lacan pretende que el sujeto puede operar desde un lugar que no sea el "yo" (imaginario), sino desde la "falta-en-ser" ahuecada en un núcleo vacío purificado. Pero que desde Freud, en buena parte, sigue siendo una patología narcisista entre el yo-ideal vs Ideal del Yo.
Desde Freud, el "no ceder" de Sócrates, Antígona o de la anoréxica no es un acto de Libertad, sino una formación de compromiso del Yo en su Narcisismo.
Como capricho, el niño que dice "no" a la comida está ensayando su primera soberanía, escupe la leche materna (pecho malo). La anoréxica que lleva esto hasta la muerte no está siendo "ética", está atrapada en una fijación narcisista donde prefiere desaparecer antes que aceptar la castración (la dependencia sin omnipotencia).
Ese "brillo heroico" que habla Lacan en Antígona, es la máscara que el Ideal del Yo se pone para no ver la miseria de su propia pulsión. Antígona muere para no ser "una más": es el narcisismo por las diferencias llevado al suicidio.
El narcisismo primario no se pierde, se desplaza, se transforma, no hace puro vacío o nada ahuecada. Aquella posición infantil de ser el centro del universo se refugia como promesa en el Ideal del Yo que fusionaría su Yo ideal actual. La anoréxica no busca una "nada" o "vacío", busca encarnar esta perfección alucinatoria donde el cuerpo no estorba. El Yo actual (o el "Yo-piel") es sacrificado. Como no existe algo a la talla de ese Ideal, es preferible la queja o el síntoma antes que aceptar la castración de no ser el Ideal consumado. Su formación de compromiso para "no ceder", le permite al sujeto seguir "siendo especial" (en su delgadez, en su tragedia, en su fijeza) mientras cobra su venganza contra el mundo que pretende negociar o mediar a ceder.
El Yo coagulado, se vuelve una masa densa y fija en Ideal. En la Anorexia o en Sócrates, hay una fascinación por su propia estatua, estatura o talla. No hay movimiento metabólico por el exceso que obtura. Su Ideal es tan pesado que cualquier movimiento aparenta un congelamiento, del cual Lacan, lo vanagloria como el destino "vacío" del deseo, cuando en realidad, es la "gordura" del tejido narcisista como identidad, que se devora a sí misma.
La cura para Freud es "hacer consciente lo inconsciente", pero en Lacan no hay interés en Ello, puesto que su Sócrates y su Antígona no revelan lo inconsciente. Solamente revelaría un deseo vacío en su pasaje al acto. Lacan solamente empareja en una aplanadora los pliegues mnémicos-pulsionales a un mero nivel de Estructura ahuecada sin anclaje a la biografía (represiones e Ideales). Por este supuesto deseo purificado que "no cede", Lacan omite todo tejido de las represiones, traumas, fantasías y pliegues del narcisismo con sus salidas e Ideales.
Sin el análisis de la historia infantil (destete, Edipo, castración, represiones), Lacan en su falta de anclaje por lo Diacrónico, Lacan "sincroniza" las estructuras (reduce en matemas, simplifica deseos en vacío, discursos a priori o mitos). Lacan al no leer completa la obra de Freud, no entiende que ese "no ceder" ante el deseo, es un Ideal hasta la muerte, un protestar sin ceder, una ética a la altura de un niño caprichoso narcisista que desmiente la castración.
Lacan propone su "ética" que justifica cualquier fantasma del síntoma o el acto (en cuanto no ceda). Mientras Freud busca que el sujeto deje de ser un "héroe" de su propia tragedia para convertirse en un sujeto conciliador-mediador que pueda trabajar y amar, aceptando que su "deseo" está hecho de restos biográficos y no de luz divina.
Aquel "no ceder al deseo" de Lacan, es la coartada perfecta para que el narcisismo lleve al sujeto hasta el abismo bajo su bandera de la "dignidad".
¿No será que la verdadera ética no es "no ceder", sino tener el valor de "ceder" ante el Ideal, para poder, finalmente, vivir sin la necesidad de ser un mártir?
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