sábado, 9 de mayo de 2026

El imperativo dogmático de Lacan usando Antígona: Apología a la muerte (Parte 3)

3- Para ampliar lo que hemos referido sobre Antígona en relación a la Anorexia, será provechoso estudiar aquí la muerte de Sócrates con su entramado de "no ceder" al deseo.

Como vimos anteriormente, al elevar a Antígona como el paradigma de la ética del deseo como brillo estético, Lacan hace una operación de abstracción simbólica que ignora el exceso del ideal del yo libidinal en su tejido.

En su afán por priorizar el orden del Significante (lo Simbólico) y luego el vacío de la Cosa mágica (Real), Lacan excluyó la inercia del narcisismo como fuerza.

Lacan pone Antígona desde el deseo puro, rechazando que ese "deseo" siempre estará pegoteado a una imagen idealizada. Lacan separa artificialmente la pulsión del yo-ello. Al no leer el narcisismo en juego, Lacan no ve que Antígona y la Anorexia está llena de su propio Ideal. Es un Yo que se devora a sí mismo para no ser devorado por la Ley cultural.

En el Masoquismo Narcisista, Freud nunca se dejó engañar por la "nobleza" del sufrimiento o deseo puro. Para Freud, el masoquismo moral es la forma más refinada de omnipotencia del Yo.

Lacan, al "romantizar" el no ceder en su deseo, olvida que ese "no ceder" puede ser la terquedad más absoluta de un narcisismo secundario que prefiere la destrucción antes que la castración.

Si Antígona no cede, es debido a su Ideal del Yo que resiste en su fijación pulsional. Eso no es ética, es hipertrofia imaginaria yoica.

Aquella "hiancia" ahuecada de intervalo que refiere Lacan del vacío, en el caso de Antígona, es en realidad el punto donde el Yo se vuelve absoluto en su saturación libidinal (lo mismo en la Anorexia).

Antígona en su "no ceder", es un acto que obligó a toda Tebas a cuestionar a Creonte. El Coro, los ciudadanos y el mismo Creonte se ven forzados a producir un nuevo pacto ante el escándalo del entierro reivindicado. Antígona no solo explica su deseo, lo hace acto frente al resto.

Como veremos más adelante, se asemeja a Socrátes en lo mártir que conduce a su muerte ante toda Ley precedida. Sócrates no te da el saber, te pone frente a la verdad del "no saber", para que tú tengas que inventar o rechazar lo sabido.

Simplificando lo anterior revisado, Antígona impone su Ley (venganza social y lazo sanguíneo), Sócrates impone su incitación a un "seguro" no-saber que aplaste la justicia ciudadana, cargando de culpa al resto por su condena (como si fuese Jesuscristo) y la Anoréxica impone su resistencia Ideal. Como ya vimos, la Anorexia es la versión narcisista des-carnada de lo que en los otros dos son bajo mártir narcisista de venganza.

¿Pero no sería la Anoréxica quien generaría mayor "perplejidad" (como diría Platón)? Su insatisfacción de no comer, no viene envuelto en un supuesto "heroísmo" de lo mártir ni en la elegancia de la ironía socrática, sino en la crudeza del hueso cadavérico que se asoma. Siguiendo la lógica de Lacan: ¿Es posible que la Anoréxica sea la única que realmente no engaña ni cede a su deseo? En Lacan, Antígona sale de la alienación porque elige su muerte antes de otra oferta o "bien". La anoréxica queda alienada en su Ideal, intenta controlar despellejando su cuerpo, pero al final, su voracidad por resistir al Idel, la termina controlando a ella.

¿Será que la anoréxica es nuestra Antígona contemporánea y no la entendemos porque no soportamos la terquedad de un cuerpo que dice "No" a todo lo que nosotros creemos que es "el Bien"? Antígona conservaría alguna sed del "Bien en sí" con su pacto de sangre y su exhibición de la injusticia.

Por su lado, Sócrates aloja su "Bien en sí" con la crítica que remueve todo cimiento por muy firme que aparente. Hace su "magia" de parir "mayéuticamente" algún no saber, mediante el efecto de saber que no se puede saber.

¿Pero la Anorexia en su privacidad qué nos aportaría en la colectividad? Allí es donde Lacan en su caprichoso moralismo tacha a la anorexia como algo sin el brillo bello en su "no ceder" según el "deseo que lo habita".

Si esquivamos el prejuicio de Lacan para escuchar la Anorexia, mientras ennoblece a Antígona. La Anorexia en su delgadez exclama una ironía sobre el consumismo. Ella aún más que Sócrates cuestiona los cimientos sociales marcando un interrogante: ¿Qué es lo que realmente nos alimenta?. Aquí la Anorexia deja en claro que su "no ceder" es más silencioso para la Polis, pues no acuden en masa a ver su espectáculo como si fuese mártir (Antígona y Sócrates). De la anorexia solo ven algo doloroso sin anestesias heroicas, sin mantos de "brillo", horroriza directamente por "no ceder" su deseo Ideal.

Antes de ir por el caso Aimée, me adelanto en poner a debate: ¿Quién cede en el crimen? ¿No cede al deseo al momento de romper los fantasmas que la persiguen? ¿No habría "brillo" en el cuchillo de Aimée?, o más bien, ¿Ese brillo fue totalmente absorbido por Lacan para volverse él mismo famoso con su Tesis Doctoral? ¿Acaso Lacan no vio una "belleza" que valga la pena exponer a los demás? Seguramente aquí para Lacan, esa vía directa del "no ceder" que Aimée da muerte directa (sin aquellos exhibicionismos propios de la Polis), no le pareció suficiente mente estético al capricho de Lacan.

Retomando a Freud, la anorexia come, come en exceso Ideales, rellena de Ello su Yo ideal, en un empuje voraz constante en su Super Yo competitivo, devora todo a su paso por un nuevo ideal de mayor tamaño a compararse, tapa sus arterias con grasa narcisista por sobre el planeta entero. Su fuerza constante es la comparación a un Ideal más allá del mundo, una líbido anquilosada a rellenar de Yo su mundo. Su Ideal debe vencer en terreno a todos aquellos que viven de su narcisismo secundario y le imponen "ceder". Idealmente, alcanzar la detención del tiempo como "narcisismo primario" tiene "meta" pulsional, su "fuente" es no abrir la boca, su "objeto" es decir "no" a las contingencias, su "empuje" es la fuerza constante de derribar todo límite que le resista para no ceder. No ceder a su deseo es el triunfo ante la castración, desmentir el hambre del resto de los mortales que abren la boca por bocados insignificantes, puesto que, el autoerotismo narcisista de la anoréxica cobraría su Falo propio, rompe el Tótem de la horda fraterna que paga un precio de su narcisismo para vivir en sociedad: le da asco el pacto, está sobre de. Si muere o no, puede lamentarlo, pero no cede contra el pecho bueno que lo mantiene con vida, pues, para la anoréxica un pecho malo denigrado a su Ideal narcisista. Llorará su familia, aún cuando ella misma no quisiera morir, pero su asco, por lo que comen los demás, ya no cede, no negocia, no media, no rectifica, no cede ante la fijación narcisista ideal del cual resiste adherida-a-Ello.

Más que nunca la Anorexia revela esa decadente tesis de Lacan de que el deseo es la metonimia siempre evanescente por la "Falta", vale decir, la satisfacción siempre es aplazada por otro objeto de deseo que nos incita una nueva excusa para movilizarlos por el vacío que detenta el deseo. "Desear no comer" sin otra meta más que mantener su deseo erguido sin descanso o resolución acabada, junto donde, el ahuecamiento del $ujeto-barrado haga barrar a todo lo que se coma, que "nada" se aloje en lograr un objeto concreto para satisfacción "Como-Meta". La única proteína válida es el Ideal en su hambre de desear por fuera de los bienes comunes, la imagen narcisista en fijación la embulle de sí misma (tal como el Mito de Narciso) sin otro trayecto a remitir a nuevas huellas por metabolizar.

Si la anoréxica "no inspira" belleza a Lacan (a diferencia del supuesto heroico mártir en Socrátes o Antígona), es porque la anorexia va más allá en su "no ceder" que Antígona o Sócrates.

Sócrates se ve confinado ante la justicia, Antígona se ve expuesta a defender su lazo de sangre. La anorexia no solicita una Polis entera que la escuche en su último discurso para "no ceder", ni tampoco un hermano a quien dar sepultura. Esto a Lacan le debió horrorizar sin poder encontrar ese supuesto "brillo" de belleza, puesto que, Lacan cede, cedió ante el deseo, con su propia lógica no logró llevarla a su coherencia.

Es mejor para Lacan hablar de la Anorexia como una neurosis histérica atrapada en un vacío y una queja por la Demanda del Otro. No quiere ver el narcisismo que se teje, el Ideal que la engorda, la voracidad de competir y el empuje a comparar lo que otros mortales hacen.

La anorexia es más severa de lo que Lacan podría tolerar. Interpela al Médico o la Madre, desde su cuerpo demacrado para decirle: "Tú no sabes lo que me pasa, tu comida no me da asco".

La anoréxica a diferencia de Antígona que hace lazo social con su ciudad y con el Coro, la anoréxica quede atrapada en un bucle donde el Amo nunca está lo suficientemente castrado para angustiar, siempre podría repudiar más a cada nuevo desafío que le impongan "a comer". Socrátes y Antígona tiene un solo camino: revelar la injusticia, el no saber de la sociedad, adjudicarle la culpa de lo que será su muerte. Pero esto último, resulta más ajeno en el modo narcisista de la Anorexia.

La anoréxica que "no cede" está cerca de Antígona, cuando ella se queda en el "brillo" de su sacrificio, momento que el Amo (el médico o la madre) confiesan su impotencia y angustia. Pero también, la Anorexia al igual que Sócrates, ella muere para que la Verdad no sea aplastada por las Opiniones (Doxa) del resto.

Lacan al evitar modalidades clínicas como la historia diacrónica, hacer consciente lo inconsciente, la elaboración, recordar, interpretar sentidos latentes, construir hipótesis provisorias (Freud, 1937), mediar, negociar (incluso ceder), etc. Lacan solo tiene el corte, el corto-circuito, la expulsión de la sesión, el rimar fonemas, repetir palabritas, acting de psicodrama, enigmatizar, guardar semblante silencioso cadavérico. Resulta obvio que Lacan no tendría otro remedio que dar a la Anorexia un lugar sin brillo ni heroísmo, a lo que, en cambio, hipócritamente sí elogia con apología de la muerte al "no ceder" de Sócrates y Antígona para su conveniencia dogmática.

Lacan omite que Antígona, en su venganza contra Creonte, ella podría matar directamente a Creonte con sus manos (tal como lo hizo Aimée), pero decide matarlo socialmente en el Coro donde se exhiben. Matarlo físicamente sería un acto criminal común, pero matarlo socialmente exponiendo su inconsistencia es una operación exhibicionista. Ella pone su cuerpo como mártir como medio de denuncia que el Amo está castrado. Antígona requiere del Amo para barrarlo. Sin el dictamen de Creonte, el deseo de Antígona en su "no ceder" no tendría dónde anidar. Su "no" requiere la existencia de un prójimo a quien vengarse socialmente.

Así mismo lo revela Antígona cuando reclama:

-"Si los dioses aprueban mi muerte, yo sufriré resignada el castigo de mi falta; pero, si soy inocente... ¡que sufran la misma pena los que tan injustamente me castigan!".

- "¡Ciudadanos de Tebas, mi patria! Miradme colocada en el sendero fatal y por última vez contemplando la claridad del sol: ¡ya nunca más lo veré!"

- "Patria mía, opulentos hijos de esta ciudad, fuentes dirceas, bosques sagrados de la belicosa Tebas, vosotros sois testigos del abandono en que me veo, y del cruel decreto por el que me llevan a ser encerrada en una prisión para que me sirva de sepultura. ¡Mísera de mí!".

- "(relator:) "a la vista del cadáver desnudo, estalló en gemidos; exhaló sollozos y comenzó a proferir imprecaciones contra los autores de esa iniquidad."

Sería iluso también considerar a Sócrates como un calmado ignorante por la verdad, en su ruta escéptica que edificó frente la Polis. Ingenuo especialmente quienes creen que en su condena a muerte, Sócrates se mantuvo pleno "calmo" ante sus fieles con paz noble, puesto que decidió jugar a ser escéptico hasta el final con tranquilidad meditativa.

Como decreta Sócrates en su proceso por la pena de muerte, reclama:

- "¡Oh vosotros!, que me habéis condenado a muerte, quiero predeciros lo que os sucederá, porque me veo en aquellos momentos, cuando la muerte se aproxima, en que los hombres son capaces de profetizar el porvenir. Os lo anuncio, vosotros que me hacéis morir, vuestro castigo no tardará, cuando yo haya muerto, y será, ¡por Júpiter!, más cruel que el que me imponéis."

- "Yo voy a sufrir la muerte, a la que me habéis condenado, pero ellos sufrirán la iniquidad y la infamia a que la verdad les condena. Con respecto a mí, me atengo a mi castigo, y ellos se atendrán al suyo. En efecto, quizá las cosas han debido pasar así, y en mi opinión no han podido pasar de mejor modo.”

- "En verdad, atenienses, por demasiada impaciencia y precipitación vais a cargar con un baldón y dar lugar a vuestros envidiosos enemigos a que acusen a la república de haber hecho morir a Sócrates, a este hombre sabio, porque para agravar vuestra vergonzosa situación, ellos me llamarán sabio aunque no lo sea. En lugar de que si hubieseis tenido un tanto de paciencia, mi muerte venía de suyo, y hubieseis conseguido vuestro objeto, porque ya veis que en la edad que tengo estoy bien cerca de la muerte. No digo esto por todos los jueces, sino tan sólo por los que me han condenado a muerte, y a ellos es a quienes me dirijo."

Es muy inocente pintar a Sócrates como el mártir bajo el cuestionamiento "sin ceder", aún ante la muerte, quien "no cede" en su mayéutica plena. Sería muy ingenuo creer que el motor de la renuncia a la vida en su calma ante sus discípulos, le neguemos como fin, su calculada contemplación en vengarse para sembrar la sombra de la ignorancia a todos como contra-condena y dejar la carga de culpa a la Polis por haberlo sacrificado.

Sócrates no fue "pasivo" en aceptar obediente su condena, fue un estratega deliberado que despierta el apetito a sus oyentes por la re-edición de la Justicia. Hay en su ironía una agresión intelectual camuflada contra la Polis. Al seducir a todos a renunciar al saber de justicia como virtud, empleando lenguaje lacaniano, no busca la "ignorancia docta" (de un analista), sino la caída de lo que se cree Justo en su verdad. Por lo tanto, Sócrates (en jerga lacaniana) no barra al Otro para que en su agujero resignifiquen lo que en primer lugar jamás existió (posición semblante del analista). Sócrates en un disfraz sofista, denuncia la injusticia en protesta. Exhibe su condena para demostrar que la "Justicia" de la Polis es un simulacro, una copia de lo aparente. Su deseo es que la civilización se encuentre con su propia castración. El discurso del analista, como en Sócrates es desear que "nadie sepa", quiere que cada uno produzca su propia verdad desde el "desierto de lo Real" (como diría el yerno de Lacan), en lugar de repetir el saber del Amo. No es mero escepticismo, es el nihilismo a terreno para que el deseo no sea un plagio del deseo del Otro y de ninguno solo en pie.

Por fortuna, fuera del radar doctrinal de Lacan, tenemos otros ejemplos. Mediante la honestidad directa, Giordano Bruno frente a su sentencia de muerte, redobla su verdad entre quienes lo juzgan: "Ustedes, que pronuncian mi sentencia, sienten más miedo que yo, quien la recibo". Giordano Bruno "no cede" mediante un "ritual fúnebre", "ni dejando de comer", tampoco "falsa humildad mayéutica", no requiere todo esa parafernalia exhibicionista, va de frente en su verdad y no claudica por la Ciencia (a diferencia de Galileo quien negó su propia ciencia ante la iglesia). 

Giordano Bruno contrasta con el Sócrates que erige Lacan, donde su "regalo troyano" es la soledad absoluta del saber, mientras que Antígona nos regala una tragedia para encubrir esa soledad. Diferente en la Anorexia donde su "no ceder", pese a no contar con la misma apreciación para Lacan, omite que la Anorexia intercede en un: "No como para que veas que tu saber sobre mí es falso".

Citando en Sócrates su legado al destierro del saber y al vacío por la verdad (cuestiones que tanto goza Lacan de Ello):

- "Puede muy bien suceder, que ni él ni yo sepamos nada de lo que es bello y de lo que es bueno; pero hay esta diferencia, que él cree saberlo aunque no sepa nada, y yo, no sabiendo nada, creo no saber. Me parece, pues, que en esto yo, aunque poco más, era mas sabio, porque no creía saber lo que no sabia."

- "He aquí, atenienses, el fruto que saqué de mis indagaciones, porque es preciso deciros la verdad; todos aquellos que pasaban por ser los más sabios, me parecieron no serlo, al paso que todos aquellos que no gozaban de esta opinión, los encontré en mucha mejor disposición para serlo."

- "Pudor tengo, atenienses, en deciros la verdad; pero no hay remedio, es preciso decirla. No hubo uno de todos los que estaban presentes, inclusos los mismos autores, que supiese hablar ni dar razón de sus poemas. Conocí desde luego que no es la sabiduría la que guía a los poetas, sino ciertos movimientos de la naturaleza y un entusiasmo semejante al de los profetas y adivinos; que todos dicen muy buenas cosas, sin comprender nada de lo que dicen. Los poetas me parecieron estar en este caso; y al mismo tiempo me convencí, que a título de poetas se creían los más sabios en todas materias, si bien nada entendían. Les dejé, pues, persuadido que era yo superior a ellos, por la misma razón que lo había sido respecto a los hombres políticos."

- "me respondí a mí mismo y al oráculo, que era mejor para mí ser como soy. De esta indagación, atenienses, han oído contra mí todos estos odios y estas enemistades peligrosas, que han producido todas las calumnias que sabéis, y me han hecho adquirir el nombre de sabio; porque todos los que me escuchan creen que yo sé todas las cosas sobre las que descubro la ignorancia de los demás. Me parece, atenienses, que sólo Dios es el verdadero sabio, y que esto ha querido decir por su oráculo, haciendo entender que toda la sabiduría humana no es gran cosa, o por mejor decir, que no es nada; y si el oráculo sin duda se ha valido de mí nombre como un ejemplo, y como si dijese a todos los hombres: «el más sabio entre vosotros es aquel que reconoce, como Sócrates, que su sabiduría no es nada.»"

- "todo porque no se atreven a decir la verdad, que es que Sócrates los coge in fraganti, y descubre que figuran que saben, cuando no saben nada. Intrigantes, activos y numerosos, hablando de mí con plan combinado y con una elocuencia capaz de seducir, ha largo tiempo que os soplan al oído todas estas calumnias que han forjado contra mí".

- "He aquí, atenienses, la verdad pura; no os oculto ni disfrazo nada, aun cuando no ignoro que cuanto digo no hace más que envenenar la llaga; y esto prueba que digo la verdad, y que tal es el origen de estas calumnia"

- "¿A qué pena, a qué multa voy a condenarme por no haber callado las cosas buenas que aprendí durante toda mi vida; por haber despreciado lo que los demás buscan con tanto afán, las riquezas, el cuidado de los negocios domésticos, los empleos y las dignidades; por no haber entrado jamás en ninguna cábala, ni en ninguna conjuración, prácticas bastante ordinarias en esta ciudad; por ser conocido como hombre, de bien, no queriendo conservar mi vida valiéndome de medios tan indignos?".

Lacan en su Seminario 8 instala el idealismo ("ruina del alma") posicional del analista mediante la imagen de Sócrates:

- "El psicoanalista no puede dar más que un signo, pues el signo que hay que dar es el signo de la falta de significante; es el único que no se soporta, porque provoca angustia. Sin embargo, es el único que hace acceder al otro a lo que es la naturaleza del inconsciente: a la ciencia sin consciencia, de la cual ustedes comprenderán que Rabeleis dijera que es la "ruina del alma"."

- "Que algún sujeto pueda ocupar el lugar del puro deseante, abstraerse, escamotearse él mismo en la relación con el otro, de cualquier suposición de ser deseable, esto que les estoy diciendo lo materializan las respuestas de Sócrates."

- "El sentido de la palabra "saber" es a lo que apunto a propósito de la posición del analista, y justifica la imagen ejemplar de Sócrates."

- "en nuestra topología, este espacio del entre dos muertes está, como tal, en estado puro, y vacío el lugar del deseo, como tal, el deseo no siendo allí, más que su lugar en tanto que no es para Sócrates más que el deseo del discurso, de discurso revelado, revelando para siempre, de donde resulta claro, la atopía del sujeto socrático mismo tanto así que nunca antes fue ocupado por ningún hombre, así de purificado este lugar del deseo."

Lacan persiste en declarar su moralismo en ese aclamado instante, donde el $ujeto-barrado-agujerado-ahuecado se agota de luchar frente al Amo y optaría por una vida propia habitando un Vacío inconsistente perpetuo.

Sin embargo, todo esto es el engaño que nos vende Lacan, en su "no ceder", se experimentan los excesos narcisistas ideales que invalidan toda incursión a un ahuecamiento-afánisis y/o agujero vacío "central".

Los casos revisados son una respuesta del narcisismo secundario neurótico por la castración del narcisismo primario. Cada uno de ellos están envueltos en un Ideal del yo incorruptible. El panorama mezcla en un mismo síntoma estética y ética co-determinándose mutuamente en una compulsión a la repetición. Desde el rigor de la Metapsicología, no se trata de heroísmo trágico, ni ética del vacío, son pliegues narcisistas intentando re-mediar la herida de la castración.

En Antígona, su Narcisismo apunta al Sacrificio, su "brillo" no es deseo puro, es un Ideal del Yo hipertrofiado. El compromiso sintomático excava su propia Trampa, dado que al morir por su hermano, Antígona recupera la omnipotencia del narcisismo primario: "Soy la única tiene la verdad de Ley". Su sacrificio es una inversión, paga con vida para salvar una imagen de perfección moral. Desde el mártir, deja al espectador (Creonte y a la Polis) como el villano castrado de la escena.

Sócrates nos muestra su orgullo desafiante en su pliegue narcisista ante quienes le condenan:

- "Hubiera sido para vosotros una gran satisfacción haberme visto lamentar, suspirar, llorar, suplicar y cometer todas las demás bajezas que estáis viendo todos los días en los acusados. Pero en medio del peligro, no he creído que debía rebajarme a un hecho tan cobarde y tan vergonzoso, y después de vuestra sentencia no me arrepiento de no haber cometido esta indignidad, porque quiero más morir después de haberme defendido como me he defendido, que vivir por haberme arrastrado ante vosotros."

De Sócrates podemos ver el Narcisismo de su "ignorancia" como falsa humildad intelectual. El fin narcisista de Sócrates siembra la sombra de la ignorancia al resto. Bajo la Oratoria de "solo sé que no sé nada" es una maniobra del Yo Ideal. Es la soberbia de la humildad, donde Sócrates se coloca en una posición de superioridad narcisista frente a los jueces: "Yo soy el único que sabe que no sabe". Al obligar a todos a renunciar al saber, Sócrates realiza una venganza narcisista contra la polis que lo rechaza, dejándolos culpables por no cuestionar la Justicia que ellos rigen.

Finalmente en la Anoréxica, encontramos un Narcisismo omnipotente en su no nutrirse. Su narcisismo secundario pacta un compromiso letal para obtener control. Al evitar comer por una estética, al mismo tiempo fusiona su ética de "no ceder a comer", dicho alimento narcisista le permite recuperar su peso engordando su Ideal ante cada desafío. Desde el control omnipotente sobre su cuerpo, territorio donde el narcisismo primario puede solventar sin castración rival, domina de forma absoluta "qué entra y qué sale" desde su oralidad erógena.

Sostiene una "huelga" inconsciente donde teje ser "toda-en-una" bajo su delgadez, negando la dependencia biológica, el Narcisismo primario adquiere por fin su obeso triunfo.

Para Freud, recordemos, el Yo es un depósito de objetos abandonados, el Ideal del Yo es el heredero de cicatrices tras el narcisismo primario. Todos (Antígona, Sócrates y la Anoréxica) están intentando ser "Su Majestad el Bebé" una vez más, pero por medios trágicos o lógicas ideales.

De este modo, no hay nada que se le parezca a un mágico vacío creador ex-nihilo ni un deseo-para-la-muerte, más bien, hay un Yo intentando buscar un atajo Ideal para su omnipotencia, con el alto precio en arriesgar su propia muerte: dar brillo Ideal como única fijación pulsional, pero que al final, por "no ceder" a su deseo, se desmorona la fuente de luz que la sustenta.

Lacan intenta "salvar" al sujeto mediante la ética, pero Freud nos recuerda que, debajo de la túnica de Antígona y de la cicuta de Sócrates, lo que hay es un Yo herido haciendo teatro exhibicionista para no aceptar que es insignificante.

Siguiendo a Freud, el psicoanálisis no radica en una "ética del deseo" lacaniana, es en realidad el lento proceso de aceptar que somos "castrados" sin necesidad de convertir la herida en un espectáculo heroico para "no ceder".

Si recordamos la apología al suicidio sobre las "mañanas que cantan" de Lacan (1973), se encuadra con el perfil de analista que encuentra en Sócrates. En el Fedón, Sócrates nos relata:

-"Los cisnes, cuando presienten que van a morir, cantan aquel día aún mejor que lo han hecho nunca, a causa de la alegría que tienen al ir a unirse con el dios a que ellos sirven. Pero el temor que los hombres tienen a la muerte, hace que calumnien a los cisnes, diciendo que lloran su muerte y que cantan de tristeza."

- "Los hombres ignoran que los verdaderos filósofos no trabajan durante su vida sino para prepararse a la muerte; y siendo esto así, sería ridículo que después de haber proseguido sin tregua este único fin, recelasen y temiesen, cuando se les presenta la muerte."

- "los verdaderos filósofos se ejercitan para la muerte, y que esta no les parece de ninguna manera terrible. Piénsalo tú mismo. Si desprecian su cuerpo y desean vivir con su alma sola, ¿no es el mayor absurdo, que cuando llega este momento, tengan miedo, se aflijan y no marchen gustosos allí, donde esperan obtener los bienes porque han suspirado durante toda su vida y que son la sabiduría, y el verse libres del cuerpo, objeto de su desprecio?"

La aclamada Antígona de Lacan, no se queda atrás en su "no ceder" hacia a la muerte, tal como ella se autocomplace:

- "Si muero antes de tiempo, será una dicha para mí. ¿Qué cosa hay entre tan grandes males como afligen mi vida que no me haga mirar la muerte como un bien? Por lo tanto, la suerte que me espera no me causa ningún dolor".

Un ejemplo ilustrativo de ese "no ceder" ante el deseo que lo habita, que ya expusimos sobre Lacan en su Seminario 7, lo resume Sócrates al declarar:

- "Por consiguiente, siempre que veas a un hombre estremecerse y retroceder cuando está a punto de morir, es una prueba segura de que tal hombre ama, no la sabiduría, sino su cuerpo, y con el cuerpo los honores y riquezas, o ambas cosas a la vez. —Así es, Sócrates. —Así, pues, lo que se llama fortaleza, ¿no conviene particularmente a los filósofos? Y la templanza, que sólo en el nombre es conocida por los más de los hombres; esta virtud, que consiste en no ser esclavo de sus deseos, sino en hacerse superior a ellos, y en vivir con moderación, ¿no conviene particularmente a los que desprecian el cuerpo y viven entregados a la filosofía?"

- "manteniendo todas las pasiones en una perfecta tranquilidad y tomando siempre la razón por guía, sin abandonarla jamás, el alma del filósofo contempla incesantemente lo verdadero, lo divino, lo inmutable, que está por cima de la opinión; y nutrida con esta verdad pura, estará persuadida de que debe vivir siempre lo mismo, mientras permanezca adherida al cuerpo; y que después de la muerte, unida de nuevo a lo que es de la misma naturaleza que ella, se verá libre de todos los males que afligen a la naturaleza humana."

Lacan subvierte el "ceder-negociar" hacia la categoría del Acto. Es decir, un fin que como acto no implique más medios en rodeos. El Acto deja de ser un proceso en las mediaciones o negociaciones y se convierte en producto directo como agujero.

Si Lacan no ancla el acto en la diacronía (la historia) del sujeto, el "no ceder al deseo" se convierte en una licencia para el capricho al nivelarlos como "estructuras ahuecadas" sincrónicamente.

En cambio para Freud, la fijación narcisista (ideal) infantil hay que disolver, metabolizar o perlaborar. Pero Lacan solo ve una "verdad" que hay que formalizar y decretar su atravesamiento emulando corto circuitos con el corte de sesión. Como riesgo, en Lacan esto puede parecer un nihilismo ilustrado: si no hay "cura" más allá de aceptar el vacío, ¿para qué tanto rodeo? De modo que Lacan erige a Sócrates como el lugar del analista en su Ideal nihilizador.

viernes, 24 de abril de 2026

El imperativo dogmático de Lacan usando Antígona: Apología a la muerte (Parte 2)

2)- Para dilucidar ese imperativo que Lacan adoctrina en su caprichosa ética de "no ceder al deseo", conviene que distingamos el acto de la Anorexia con el de Antígona desde una lectura Freudiana, para así, denunciar la moralina de Lacan que no ayudó a mejorar en nada a la formidable obra de Freud.

Como vimos, Antígona se desprende de su cuerpo por la causa para su hermano. La Anorexia se desprende de su cuerpo para "no comer" atrapado en lo visual en cuanto verse "delgada-cadáver" como ideal. Su "no comer" es un intento de ser puro espíritu, pura voluntad, puro sujeto del deseo sin el lastre de las necesidades biológicas. En ambos casos, tanto la Anoréxica como Antígona lograron aislarse respecto a los "bienes" y a las "opiniones" del mundo en un cierre narcisista.

En este sentido, el ideal del yo en la Anoréxica sería más "Antígona" que nadie, porque lleva el desprecio por la vida cómoda en "Bienes" y rechaza las "opiniones" de la polis. En lo clínico ya lo sabemos: ¿Cuántas veces a una anoréxica le dicen que se ve mal por lo flaca o delgada? Pero al final, la anorexia ni se inmuta con el “bien comer, pues sigue "sin ceder", sin tumbarse ante la opinión del prójimo o del resto.

Resumiendo lo dicho, Antígona, en su supuesta "belleza", no es estética, es el brillo como "resplandor" en alguien que ya se desprendió de su cuerpo para algo "más allá" de lo vivo (más allá del principio del placer). La anoréxica, en cambio, está en una lucha con su narcisismo especular congelado.

Volviendo a la ética, siguiendo aquel embrollo moralizante dogmático de Lacan: ¿Qué supuestos mediante sugestión idealizada tendría ese "no ceder" un acto supuestamente liberador?

Lacan nos respondería que la ética de Antígona es una Ética a la Verdad, mientras la "ética" de la anorexia (por llamarla así) sería una Ética de la Resistencia Imaginaria.

La anoréxica tiene el germen de Antígona en su rechazo a ser fagocitada por los "bienes comunes" y la opinión del "buen decir". Pero mientras Antígona usa ese rechazo para fundar su Ley ancestral, la anoréxica usa su Ley para detener el tiempo. En ambas, la "herramienta ética" se oxida y se convierte en su propia celda narcisista ideal. Podríamos decir que la anoréxica es una Antígona que se quedó atrapada en el espejo, sin poder salir nunca a enterrar a su hermano y la Anoréxica encerrada dentro de una fotografía ideal inmortalizada.

Para Freud, la anoréxica no está fijada solamente a lo visual (Yo ideal), está también atrapada en lo pulsional (Ello) y en su Ideal del Yo (con su Súper Yo). Pero Lacan dirá que la Anorexia quiere ser el resto absoluto que el Otro no puede Demandar al Otro (come). Mientras Klein, más lúcida que Lacan nos dirá que rechaza y/o vomita el pecho malo encima del objeto. Volviendo a Freud, su acto en su ideal, es crudo, porque nos muestra que en el fondo, no existe nada material (ni comida) que satis-faga o nos fagocite a "Ello" idealmente en su Narcisismo. Pero en Lacan la protesta de la Anoréxica es ser reconocidos en la supuesta Falta, mostrando "no ceder" arriesgando a "dejar de ser" un sujeto para ser un cadáver en la Falta de su deseo que "no cede" en su ética frente a las Demandas del Otro-barrado.

Si la Anoréxica sostiene su "no" o "no ceder" con el mismo rigor que Antígona sostiene su rito, ella está habitando como dice Lacan en "entre-dos-muertes". No cede, pero a costa de su propia vitalidad para "dar el paso a pagar" (Áté). Tanto la Anoréxica como Antígona demostrarían que el sujeto es capaz de preferir el "bello brillo" de su puro "deseo" que su propia "vida". Eso es lo que las haría "puras" bellezas como brillo en la moralizada verborreica de Lacan. De este modo, siguiendo a Lacan, la anoréxica sería la "analizante perfecta" porque no cede y habita la Falta absoluta, entonces tendríamos que aceptar que la muerte es el éxito del deseo como fin. Y "¿Por qué no?", eso fue lo que desafiantemente dijo Lacan en plena Televisión, pues como declaró Lacan recordando a Sebag (1973) en su apología al suicidio: "Sepa solamente que vi muchas veces la esperanza, lo que llaman las mañanas que cantan, conducir a gentes que yo estimaba tanto como lo estimo a usted, únicamente al suicidio. ¿Por qué no? El suicidio es el único acto que tiene éxito sin fracaso." De allí ese "brillo" y belleza que Lacan ve en Antígona, "¿Por qué no?", nos dice el sinvergüenza de Lacan como la pieza del "éxito sin fracaso" perverso.

Si Antígona rompe su espejo (los bienes, opiniones, mediaciones, negociaciones), se encandila con el sepulcro de su hermano. La Anoréxica se queda a vivir en la Imagen Idealizada del Narcisismo. Ambos modos llevan a un más allá del principio del placer, al Áté como destino y "brillo" mortal del deseo puro (apología de Lacan).

Recapitulando, Antígona habita una zona "entre dos muertes" según Lacan, pero su "belleza" nunca fue estética, es el desaliento sin brillo de alguien que ya se desprendió de su cuerpo. La anoréxica, en cambio, está en una lucha a muerte con la imagen idealizada. Su "no" está atrapado en lo pulsional que gira alrededor de su Ideal del Yo": Alcanzar los límites de la delgadez rozando con la pulsión muerte ("Narcisismo de muerte" dirán los franceses que escaparon del monopolio lacaniano). Pero en Lacan la Anorexia es queja y protesta por la Falta del Otro, donde no hay alimento que le pueda hacer Falta a su deseo. Es decir, una mera Estructura ahuecada con su mágico vacío al centro.

En lectura con Freud, los destinatarios del mensaje, son los que Antígona dirige a la ciudad junto a su venganza social contra Creonte. Su acto es público exhibicionismo a Coro. De este modo, Antígona es una salida pública, mientras la Anorexia es un encierro privado. Ambas dicen "No", pero Antígona lo resiste idealizando la reinvindicación de un lazo sangüíneo y la Anoréxica resiste mirando al cristal (su yo ideal narcisista). Para Freud, no hay "heroísmo" en la Anorexia ni en Antígona. Hay neurosis de transferencia o narcisismo contra las pequeñas diferencias. La clínica Freudiana, contempla (entre otras) una labor de arqueología: Explorar el armado de las investiduras narcisistas (entre otras: el yo como depósito de objetos abandonados en la identificación) que hace que el sujeto prefiera morir a ser "uno más" que el resto mortal (con sus bienes y opiniones que le hagan ceder o mediar-negociar).

En mi próxima publicación, empleando a Freud me referiré a la Apología de Sócrates y el caso Aimée en su "no ceder" (continuando con otros aspectos más de Antígona y la Anorexia). Nos vemos en la siguiente!
- Parte 1 : https://repetir-deconstruir-elaborar.blogspot.com/2026/04/imperativo-dogmatico-de-lacan-usando.html 

domingo, 19 de abril de 2026

El imperativo dogmático de Lacan usando Antígona: Apología a la muerte

 Lacan en su añadido de Mayo en 1970 (compilado en su Seminario 7) "Un comentario de Antígona de Sófocles", dice sobre lo Bello: "La articulación de la acción trágica nos aclara al respecto. Esto se debe a la belleza de Antígona -yo no invento esto, les mostraré el pasaje del canto del Coro donde esa belleza es evocada como tal y les demostraré que es el pasaje central- y al lugar que ella ocupa en el entre-dos de dos campos simbólicamente diferenciados. No cabe duda de que extrae su brillo de ese lugar -ese brillo que todos cuantos han hablado dignamente de la belleza nunca pudieron eliminar de su definición (...) En el atravesamiento de esa zona el rayo del deseo a la vez se refleja y se refracta, culminando al brindamos ese efecto tan singular, que es el más profundo, el efecto de lo bello sobre el deseo." (p.299)
Lacan define la belleza de Antígona como ese resplandor que surge justo en el límite (Áté) donde la vida humana se apaga para que brille el deseo puro. En sus palabras, Lacan imponiendo su propio gusto resume en que: "lo que tenía que transmitirles acerca de la catarsis, del efecto de lo bello. El efecto de lo bello resulta de la relación del héroe con el límite, definible en esta ocasión por cierta Áté. (p.342)

Durante su Seminario 7, Lacan elogia que: "hasta el final, no conoce ni la compasión ni el temor: Antígona. Por eso, entre otras cosas, es el verdadero héroe." (p.309) Desde aquí, Lacan oposiciona a Creonte frente Antígona para dar rienda suelta a su prejuicio moralizante.
A Creonte, Lacan (S.VII) lo enjuicia moralmente desde su dogma culpabilizante del ceder: "Lo ilustra el hecho de que después de haber pregonado que nunca cederá en nada en sus posiciones de responsable, Creonte, una vez que papá Tiresias lo regañó suficientemente, comienza a asustarse. Le dice entonces al Coro -¿de todos modos, no debo? ¿Debo ceder? Lo dice en términos que desde el punto de vista que les desarrollo son de una extraordinaria precisión, pues la Áté aparece aquí nuevamente en forma particularmente oportuna. Es claro que, en ese momento, si hubiese ido primero a la tumba antes de rendir al fin, tardíamente, los honores fúnebres al cadáver, cosa que obviamente toma tiempo, quizá podría haberse evitado lo peor" (p.318).

Pero ese "evitar lo peor" es juzgar de forma prematura un acto que no podía predecir o anticipar consecuencias, de allí Lacan ancla el error de vacilar como desvío que cede ante el deseo. Lacan cuando juzga el "evitar lo peor", juzga como error algo que no podría saberse de antemano, pero dado que la consecuencia derivó en aquello, injerta su postura bajo el armado de "no ceder" como vara ética.
Para Lacan, negociar, mediar, flexibilizar, rectificar serían ERRORES éticos a priori. Lacan expulsa toda elaboración entre el narcisismo y el prójimo. Como veremos más adelante, termina en egoísmo delirante suicidal al no ceder al deseo. No ceder, como seguro de blindaje ante el regaño (de la Polis), cruzar el horror del "Áté" (objeto mágico das Ding como interdicto) en su desgracia sin vacilar o ceder.

Lacan Moraliza la Culpa solamente desde aquí: "Propongo que de la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica, es de haber cedido en su deseo. Esta proposición, aceptable o no en tal o cual ética, expresa bastante bien lo que constatamos en nuestra experiencia. En último término, aquello de lo cual el sujeto se siente efectivamente culpable cuando tiene culpa, de modo aceptable o no para el director de conciencia, es siempre, en su raíz, de haber cedido en su deseo" (p.379). De Lacan no queda dudas de su incitación al Acto antes que cualquier ceder negociable o mediable consenso, angostando la ética a medida de culparse ante el brillo puro del deseo.

Es ahí cuando Lacan (S.VII) trae a colación que: "Cuando se explica ante Creonte acerca de lo que hizo, Antígona se afirma en un es así porque es así, como la presentificación de la individualidad absoluta." (p.333)

Lacan a su capricho imperativamente impone su ética en el umbral ideal donde el sujeto-barrado se encuentra solo sin la red de seguridad como mediación social. Termina en una ética del "todo o nada" que se opone radicalmente a la ética de la prudencia pregonada por Platón y como antónimo a todo arte de negociar consigo. El tejido social al estar barrado (A-barrado) perforado, impone ubicarte en un agujero ahuecando al sujeto, desprendido en un deseo que no cede.

Volviendo a lo que Lacan afirmó como "individualidad absoluta", precisa que: "Lo que llamo ceder en su deseo se acompaña siempre en el destino del sujeto -lo observarán en cada caso, noten su dimensión- de alguna traición. O el sujeto traiciona su vía, se traiciona a sí mismo y él lo aprecia de este modo. O, más sencillamente, tolera que alguien con quien se consagró más o menos a algo haya traicionado su expectativa" (p.381).

Lacan detalla una enumeración de su caprichoso dogma doctrinal: "Les articulé pues tres proposiciones. La única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo. Segundo, la definición del héroe -aquel que puede ser impunemente traicionado. Tercero, esto no está al alcance de todo el mundo y es la diferencia entre el hombre común y el héroe, más misteriosa pues de lo que se cree. Para el hombre común, la traición, que se produce casi siempre, tiene como efecto el arrojarlo definitivamente al servicio de los bienes, pero con la condición de que nunca volverá a encontrar lo que lo orienta verdaderamente en ese servicio.
Finalmente, el campo de los bienes, naturalmente eso existe, no se trata de negarlos, pero invirtiendo la perspectiva les propongo lo siguiente, cuarta proposición -No hay otro bien más que el que puede servir para pagar el precio del acceso al deseo- en la medida en que el deseo lo hemos definido en otro lado como la metonimia de nuestro se
r" (p.382).

No es inocente lo que Lacan coquetea del pago o costo a deber pagar su acceso, el Medio ("bien") justificando el Fin de ese no ceder. Esto último lo detallaremos más adelante cuando revisemos el caso Aimee y Socrátes desde la perversión Lacaniana, contraria a la lectura exhibicionista-vengativa que nos aportaría Freud (no nos adelantemos aún).
Pero para dar un pequeño preámbulo a lo que viene, diré que esta incitación seductora que promueve Lacan sobre el deseo rectificado, lo idealiza en que: "En la medida en que el épos trágico no deja ignorar al espectador dónde está el polo del deseo, muestra que el acceso al deseo necesita franquear no sólo todo temor, sino toda compasión, que la voz del héroe no tiemble ante nada y muy especialmente ante el bien del otro; en la medida en que todo esto es experimentado en el desarrollo temporal de la historia, el sujeto sabe un poquito más que antes sobre lo más profundo de él mismo" (p.384). Enhorabuena, Lacan dice aquí que "sabemos un poquito", lo mismo que supo Sebag seguramente (Lacan no cedió con Sebag bien alguno, evitó perversamente darle algún "Bien" como hospitalizarlo).

Lacan garantiza la seguridad de que encontraremos el dichoso "desengaño" en la luz del brillo, ya no ser engañados por los bienes psicosociales. Así nos revela su buenaventuranza: "El espectador es desengañado acerca de lo siguiente, que incluso para quien avanza hasta el extremo de su deseo, todo no es rosa. Pero es igualmente desengañado -y es lo esencial- sobre el valor de la prudencia que se opone a él, sobre el valor totalmente relativo de las razones benéficas, de las ligazones, de los intereses patológicos, como dice el Sr. Kant, que pueden retenerlo en esa vía arriesgada" (p.384). Para Lacan en su moralidad, son meros engaños a priori: la prudencia, lo benéfico al prójimo o la negociación del consenso. Aquellas cosas que ceden en retener la vía arriesgada del deseo.


En dicho modo, Lacan revela el típico dualismo tajante binario de su obra al contraponer la continuidad reelaborada de la historicidad vs la fractura del corte en el acontecimiento: "Antígona frente a Creonte se sitúa como la sincronía opuesta a la diacronía" (p.341). Lacan en su ya clásico fetiche por la sincronía, no da lugar a la mediación en el tejido, la negociación metabolizadora, más bien, apunta al corte que haga cortos circuitos (cortes de sesión).

Queda claro cuando Lacan (S.VII) define: "una zona donde la muerte se insinúa en la vida, en relación con lo que llamé aquí la segunda muerte. Esta relación con el ser suspende todo lo que se vincula con la transformación, con el ciclo de las generaciones y corrupciones, con la historia misma, y nos lleva a un nivel más radical que cualquier otro, en la medida en que depende como tal del lenguaje" (p.341). Obviamente aquí Lacan no pierde cada oportunidad para injertar el tema del Lenguaje como vía de la mortalidad, tal como la dictaminó en su Seminario 2, ante la incomodidad que sentía O. Mannoni frente a las formulaciones de lo Simbólico en Lacan (1955): 
"O. MANNONI: Lo que me molesta es que tengo la sensación de que este doblez imaginario no corta solamente, sino que es el alimento indispensable del lenguaje simbólico, y que el lenguaje, si se lo priva completamente de ese alimento, se convierte en la máquina, es decir, en algo que deja de ser humano. 
[Lacan:] Nada de sentimiento. No vaya a decir que la máquina es una malvada y estorba nuestra existencia. No se trata de eso. La máquina es únicamente la sucesión de los pequeños 0 y los pequeños 1, y además, el problema de si es humana o no está totalmente resuelto: no lo es. Sólo que también hay que averiguar si lo humano, en el sentido en que usted lo entiende, es tan humano. 
O. MANNONI: Es una cuestión muy grave. 
[Lacan:] Sin embargo la noción de humanismo, sobre el cual no les daré un seminario, me parece bastante cargada de historia para que podamos considerarla como una posición particular realizada en un campo totalmente localizado de lo que Imprudentemente seguimos llamando humanidad."

Por lo mismo, Lacan (S.VII) redobla su cometido moralizante al inducir: "Percibirán retrospectivamente que, aun cuando no lo sospechen, esta imagen de Antígona, latente, fundamental, forma parte de vuestra moral, quiéranlo o no." (p.340)

La ética de "no ceder ante el deseo" es cuando no hay garantías o salto al vacío. El deseo ético es legible sin garantías, donde hay garantías del acto no hay deseo, hay ilusión en Demandas al Otro. Como dijo Foucault (1966) te lleva a la estrangulación durante el análisis, tal como reverenció a Lacan con devoción: "Todo saber analítico está, pues, invenciblemente ligado a una práctica, a esta estrangulación de la relación entre dos individuos, en la que uno escucha el lenguaje del otro, liberando así su deseo del objeto que ha perdido (haciéndole entender que lo ha perdido) y liberándolo de la vecindad siempre repetida de la muerte (haciéndole entender que un día morirá)" (p.368).
En respuesta, Piaget (1968) critica a Foucault declarando que “al generalizar los poderes del lenguaje mismo, en el juego de sus posibilidades tensas hasta el extremo, lo que se anuncia es que el hombre está “terminado” y que, al llegar a la cima de toda palabra posible, no llega al corazón de sí mismo, sino al borde de lo que lo limita: en esta región en la que ronda la muerte, en la que el pensamiento se extingue".

Como nos tiene acostumbrados Lacan (S.7), festina su relación del deseo purificado con la nada y la muerte: "Antígona lleva hasta el límite la realización de lo que se puede llamar el deseo puro, el puro y simple deseo de muerte como tal. Ella encama ese deseo." (p.339)

En su siguiente Seminario 8, Lacan (1961) no esconde el lugar deseable para el analista como espacio de muerte (Hades): "la acción de la cadena significante, inconsciente, en tanto que ella impone su marca a todas las manifestaciones de la vida en el sujeto que habla. Pero, en fin, metáfora o extrapolación que de todos modos no está hecha inútilmente. Ella nos permite, al menos, concebir que algo de esto sea posible, y que efectivamente pueda haber alguna relación del analista con Hades, la muerte, como lo ha escrito en el primer número de nuestra revista una de mis alumnas, con la más bella altura de tono. ¿Juega él o no con la muerte? Por otra parte, yo mismo he escrito que, en esa partida que es el análisis, y que seguramente no es estructurable únicamente en términos de partida entre dos, el analista juega con un muerto. Volvemos a encontrar ahí ese rasgo de la exigencia común, que debe haber en ese pequeño otro que está en él algo que sea capaz de jugar el muerto."
Por lo tanto, no nos extrañe que Lacan (1956) anteriormente establece el lugar del analista junto con la muerte: "el analista interviene concretamente en la dialéctica del análisis haciéndose el muerto, cadaverizando su posición, como dicen los chinos, ya sea por su silencio allí donde es el Otro [Autre], con una A mayúscula, ya sea anulando su propia resistencia allí donde es el otro [autre], con una a minúscula. En los dos casos, y bajo las incidencias respectivas de lo simbólico y de lo imaginario, presentifica la muerte. Pero además conviene que reconozca, y por lo tanto distinga, su acción en uno y otro de esos dos registros para saber por qué interviene, en qué instante se ofrece la ocasión y cómo actuar sobre ello".
Incluso desde su primer Seminario, Lacan (1954) ya daba el mismo coro: "De esto se trata al fin de un análisis; de un crepúsculo, de un ocaso imaginario del mundo, incluso de una experiencia que limita con la despersonalización." (p.339)
Para engolosinar su capricho estético, Lacan (S.VII) reitera su unión con la muerte como belleza: "Quise mostrarles que la función del significante en el acceso del sujeto a su relación con la muerte podía volvérseles más tangible que mediante una referencia connotadora. Por eso intenté hacerles reconocerla en estos últimos encuentros bajo una forma estética, es decir sensible, la de lo bello -la función de lo bello es, precisamente, indicamos el lugar de la relación del hombre con su propia muerte y de indicárnoslo solamente en un deslumbramiento" (p.352).

Lacan (S.VII) no se agota en imponer su gusto por la muerte como su ideal bello: "Solamente a partir de la aprehensión de lo bello en la puntualidad de la transición de la vida a la muerte, podemos intentar restituir lo bello ideal, a saber, la función que en ocasiones puede adquirir lo que se nos presenta como la forma ideal de lo bello" (p.354).
Para colmo, Lacan (S.VII) esgrime forzadamente que lo bello se encontraría: "en la medida en que la naturaleza muerta a la vez nos muestra y nos oculta lo que en ella es amenaza, desenlace, despliegue, descomposición, ella presentifica para nosotros lo bello como función" (p.355). Y aún continúa en redoblar la apología de la muerte en que: "Asimismo, la cuestión de lo bello, en tanto que hace entrar en función el ideal, sólo puede encontrarse a ese nivel en función de un paso al límite" (p.355). Un paso a, un paso hacia, un atravesar el fantasma, salir de escena, es decir, todo un psicodrama engranado por Lacan para empujarte fuera del barco.

Más claro lo sitúa Lacan (S.VII) en el lugar de Antígona donde: "No se trata más que de un límite en el que ella acampa y sobre el cual se siente inatacable y sobre el cual nada puede hacer que alguien mortal pueda pasar más allá, de las leyes. Ya no son más las leyes, sino cierta legalidad, consecuencia de las leyes ágrapta -traducido siempre por no escritas, porque eso es efectivamente lo que quiere decir- de los dioses. Se trata aquí de la evocación de lo que en efecto es del orden de la ley, pero que no está desarrollado en ninguna cadena significante, en nada." (p.334) Para ello, justo donde "no le importa nada", Lacan desglosa la estructura que detenta tal brillo en el actuar de Antígona: "-Mi hermano es todo lo que ustedes quieran, el criminal, quiso arruinar los muros de la patria, llevar a sus compatriotas a la esclavitud, condujo a los enemigos al territorio de la ciudad, pero finalmente, él es lo que es y aquello de lo que se trata es de rendirle los honores fúnebres. Sin duda, no tiene el mismo derecho que el otro, puede contarme al respecto todo lo que quiera, que uno es el héroe y el amigo, que el otro es el enemigo, pero yo le respondo que poco me importa que abajo esto no tenga el mismo valor. Para mí, ese orden con que osa intimarme no cuenta para nada, pues para mí, en todo caso, mi hermano es mi hermano. Mi hermano es lo que es y porque es lo que es y sólo él puede serlo, avanzo hacia ese límite fatal." (p.334)

Lacan (S.VII) justifica la actitud opositora y resistente de Antígona a partir del mero lenguaje: "el estar ligado al mismo padre, ese padre criminal las consecuencias de cuyo crimen Antígona está experimentando- ese hermano es algo único y éste es el único motivo por el cual me opongo a vuestros edictos. Antígona no evoca ningún otro derecho más que éste, que surge en el lenguaje del carácter imborrable de lo que es -imborrable a partir del momento en que el significante que surge lo detiene como algo fijo a través de todo el flujo de las transformaciones posibles. Lo que es es, y es a esto, a esta superficie, a lo que se fija la posición imposible de quebrar, infranqueable de Antígona.
Ella rechaza todo lo demás. El estar exhausto al fin de la carrera no está mejor ilustrado en ningún otro lado
" (p.334-335)

Lo único que le interesa Lacan de Antígona es forzar un nicho que "corte" sobre todo "bien y mal" en un nivel trascendental "más allá" que lo revista a su medida ex-nihilo fundante, pues como veremos en Lacan (S.VII): "Antígona representa por su posición ese límite radical que, más allá de todos los contenidos, de todo lo bueno o lo malo que haya podido hacer Polinice, de todo lo que puede serle infligido, mantiene el valor único de su ser." (p.335)
Como era esperable, Lacan (S.VII) funda todo el drama de Antígona mediante el purificado lenguaje que corta con la nada: "Esa pureza, esa separación del ser de todas las características del drama histórico que atravesó, éste es justamente el límite, el ex-nihilo alrededor del cual se sostiene Antígona. No es otra cosa más que el corte que instaura en la vida del hombre la presencia misma del lenguaje. Este corte se manifiesta en todo momento por el hecho de que el lenguaje escande todo lo que pasa en el movimiento de la vida" (p.335).

Este logro de elevación en su "brillo", Lacan reconoce su no ceder en un juego mecanizado que Antígona incluso ya conoce de antemano: "Antígona sabe a qué está condenada a jugar, si puede decirse, un juego cuyo resultado es conocido de antemano. Esto es planteado efectivamente como un juego por Creonte" (p.335). Es allí cuando surge ese supuesto brillo de "no ceder" como héroe. Lo que define Lacan es una mera autómata que es meramente determinada por el lenguaje en su circuito a transitar por su destino fatal. Más claro lo deja consignado el mismo Lacan en el automatismo determinista del significante: "Antígona se presenta como autónomos, pura y simple relación del ser humano con aquello de lo que resulta ser milagrosamente el portador, a saber, el corte significante, que le confiere el poder infranqueable de ser, frente a todo, lo que él es" (p.339).

Al menos Lacan "no cede" en su ímpetu de fundamentar el deseo atrapándolo con la muerte: "la función del deseo debe permanecer en una relación fundamental con la muerte" (p.362). Lo justifica con el desamparo de no esperar nada de nadie: "el fondo sobre el que se produce su señal, a saber, la Hilflosigkeit, el desamparo, en el que el hombre en esa relación consigo mismo que es su propia muerte -pero en el sentido en que les enseñé a desdoblarla este año- no puede esperar ayuda de nadie. Al término del análisis didáctico, el sujeto debe alcanzar y conocer el campo y el nivel de la experiencia del desasosiego absoluto, a nivel del cual la angustia ya es una protección" (p.362).

Aquí Lacan encontraría lo "dos veces" más sabroso de la belleza con la "verdadera muerte": "Esta es la preferencia con la que debe terminar una existencia humana, la de Edipo, tan perfectamente lograda que no muere de la muerte de todos, a saber, de una muerte accidental, sino de la verdadera muerte, en la que él mismo tacha su ser. Es una maldición consentida de esa verdadera subsistencia que es la del ser humano, subsistencia en la sustracción de él mismo al orden del mundo. Esta actitud es bella y, como se dice en el madrigal, dos veces bella por ser bella" (p.364-365).


Lacan con su moralina justifica el Fin, donde culmina su supuesto bello acto de "no ceder a su deseo": "la imagen de Antígona se nos presenta bajo el aspecto que, literalmente, nos lo dice, le hace perder la cabeza al Coro, vuelve injustos a los justos y hace que el Coro mismo franquee todos los límites y mande de paseo todo el respeto que puede tener por los edictos de la ciudad. Nada es más conmovedor que ese deseo visible que se desprende de los párpados de la admirable jovencita. La iluminación violenta, la luminosidad de la belleza, coinciden con el momento de franqueamiento, de realización de la Áte de Antígona, éste es el rasgo sobre el cual coloqué eminentemente el acento" (p.337).

Aún Lacan tiene más palabras de elogios en su Apología sobre la muerte: "El lado conmovedor de la belleza hace vacilar todo juicio crítico, detiene el análisis, y sumerge las diferentes formas en juego en cierta confusión o más bien en una ceguera esencial. El efecto de belleza es un efecto de enceguecimiento. Todavía pasa algo más allá, que no puede ser mirado. En efecto, Antígona declaró sobre sí misma y desde siempre -Estoy muerta y quiero la muerte".

En su última clase del Seminario 7, Lacan concluye su rectitud dogmática conforme a su "ética": "una revisión ética es posible, un juicio ético es posible, que representa esta pregunta con su valor de Juicio Final -¿Ha usted actuado en conformidad con el deseo que lo habita? Esta es una pregunta que no es fácil sostener. Pretendo que nunca fue formulada en otra parte con esta pureza y que sólo puede serlo en el contexto analítico" (p.373).

Esto sella el "brillo" que Lacan (1953) engloba sobre el lenguaje y la muerte: "Por eso cuando queremos alcanzar en el sujeto lo que había antes de los juegos seriales de la palabra, y lo que es primordial para el nacimiento de los símbolos, lo encontramos en la muerte, de donde su existencia toma todo el sentido que tiene. Es como deseo de muerte, en efecto, como se afirma para los otros; si se identifica con el otro, es coagulándolo en la metamorfosis de su imagen esencial, y ningún ser es evocado nunca por él sino entre las sombras de la muerte."
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En mi próxima publicación, desarrollaré los tópicos de Freud criticando la perversidad ética de Lacan, incorporando a la discusión las complejidades entre la muerte de Socrátes, el crimen de Aimee y las diferencias entre la Anorexia y Antígona. Nos vemos prontamente!

miércoles, 25 de febrero de 2026

Biomarcadores en Salud Mental

Esto de los Biomarcadores en Salud Mental será todo un festín para farmacéuticas y laboratorios en un futuro próximo. 

Si se pretende Diagnosticar Trastorno de Ansiedad Generalizado, con el Biomarcador de un alto Cortisol (mediante test de sangre y/o scanner) puede deberse a MUCHOS factores psicosociales, como: Bullying, VIF, acoso laboral, cesantía, etc. Es como explicar el choque de un auto solo viendo las nubes del cielo en ese día.
 
Lo mismo para la baja Serotonina como Biomarcador de una Depresión.
Si bien los Biomarcadores están de momento ajustados en demencias cerebrales, el objetivo del nuevo DSM 6 es AMPLIAR dicha vereda para que sea un Manual que integre fondos científicos.
Recordemos que unas de las críticas que MÁS le importó al DSM 5 fue que no tenían suficiente Biomarcadores y especificaciones más biológicas.
 
Cuestión que el mafioso NIMH (Instituto Nacional de Salud Mental ) ha impulsado sus Criterios de Dominio de Investigación (RDoC). Casi toda la investigación actual que financia dicha industria busca objetivos biológicos (hormonas, genes y químicos marcadores). Pues si NO HAY un marcador, NO HAY un producto que patentar para lucrar.
 
Gran parte de los miembros del panel del DSM han tenido vínculos financieros con farmacéuticas. Esto empuja a que el Manual se redacte de forma que facilite la prescripción del uso en Test de sangre o scanner cerebrales. 
 
El NIMH ya ha retirado fondos a investigaciones que solo se basan en síntomas clínicos (entrevistas), exigiendo que se incluyan medidas biológicas.
Si los científicos quieren más financiación para investigar trastornos psicológicos, estarán obligados a seleccionar biomarcadores, más allá si son o no causa principal. Lo cual sesgará una verdad impulsada por los presupuestos, alejándose del contexto clínico psicosocial. Vale decir, reducir una depresión a sus neurotransmisores que a su ambiente y demandas.
 
Aunque todavía no se elimina el Diagnóstico clínico (entrevista y observación de paciente). Se permitirá que los laboratorios vendan los tests como "apoyo diagnóstico", logrando el lucro, independiente si el test tiene peso o no.
 
Algunos dirán que todo "complemento" es bueno. Sin embargo, ¿quién decide a la hora de Diagnosticar cuál método tiene más peso que otro? ¿El Jefe de Unidad que vigila estadístico y financiación o el simple colega a terreno sin voz ni voto?

sábado, 7 de febrero de 2026

Zizek manipulador mitómano contra Miller

En Octubre de 1998 Robert S. Boynton realiza una entrevista a Žižek. Sobre Miller el yerno de Lacan, Žižek nos dice que: "Era un déspota totalmente arbitrario. Decía: 'Vuelve mañana exactamente a las 4:55', ¡pero eso no significaba nada! Llegaba a las 4:55 y me encontraba con una docena de personas esperando. Estar en análisis con Miller era adentrarse en un universo divino y predestinado."

Aunque uno de los fines en la sesión variable era evitar la preparación del material en sesión, Žižek en la misma entrevista comenta: "Mi regla estricta, mi único principio ético, era mentir constantemente: inventar todos los síntomas, fabricar todos los sueños. Como nunca se sabía cuánto duraría, siempre estaba preparado para al menos dos sesiones. Tengo un miedo increíble a lo que podría descubrir si realmente entrara en análisis. ¿Qué pasaría si perdiera mi frenético deseo teórico? ¿Qué pasaría si me convirtiera en una persona común?" Finalmente, afirma Zizek, convenció por completo a Miller de su farsa: «Una vez que supe qué despertaba su interés, inventé escenarios y sueños aún más complejos. Uno de ellos involucraba la película de Bette Davis, Eva al desnudo. La hija de Miller se llama Eva, así que le conté que había soñado con ir a ver una película con Bette Davis. Planifiqué cada detalle para que, al terminar, anunciara con grandilocuencia: "¡Esta fue tu venganza contra mí!"».

Robert S. Boynton concluye que "Zizek transformaba sus sesiones en seminarios académicos de facto para impresionar a Miller con su intelecto. Zizek en su formación cuando defendió su tesis ante Miller, se enteró después de la defensa que Miller no tenía intención de publicarla en formato libro. Zizek en la noche siguiente sufrió su primer ataque de pánico, con todos los síntomas de un infarto. Finalmente, entregó el manuscrito a la editorial de una facción lacaniana rival." Como venganza añado aquí de paso.

En el año 2012, Žižek en una Conferencia vuelve al tema de sus sesiones con Miller:
"Cuando cosas cambiaron, llegamos a lo que quería decirles: una vez más normalizado me vi completamente sumergido en una pseudoactividad, lo que significa, ahora llego a mi punto. Cuando me normalicé -en el sentido de ya no tener ánimo suicida-, después de dos o tres semanas de funcionar con normalidad. Yo tenía sólo un objetivo en análisis cuando yo era el analizado: ¿Cómo impedir que las cosas sucedieran?. Yo era, literalmente, extra-activo mintiendo, sólo para impedir, para sabotear que algo no pasara, ya saben. Por ejemplo, yo preparaba con antelación, a detalle, toda mi... incluso si fingía: "Oh, acabo de tener una idea". Eso ya estaba todo planeado y, cómo pueden imaginarlo, yo hablaba todo el tiempo. Era pura pseudoactividad ¿saben por qué? Porque hablaba todo el tiempo para prevenir, para frenar el horrible momento cuando ya no hablara y entonces Miller pudiera hacerme una pregunta realmente dura, con la que algo hubiera sucedido. Entonces, pueden ver mi punto, toda mi actividad estaba aquí no para que algo pasara sino para garantizar que nada pasaría. Por lo que recuerdo claramente cuando Miller decía: "Y bien... terminamos por hoy", yo me sentía tan aliviado: "jaja, lo hice, nada pasó". Y bueno, esto continuó casi por un año y luego... sí, necesité un año, para preguntarme esta pregunta totalmente común y ególatra, pero sana: "¿A la mierda! ¿Por qué le tengo que pagar?""

Ahora bien, siguiendo con el asunto de la mentira y lo planificado para engañar en la desmentida de su seudo análisis. Zizek en su juego perverso, se cree más listo que Miller, sería más inteligente pues logra engañar a Miller en su juego. Por ende, él es el genio, no Miller. A eso juega, a medírselo. Pero Zizek nos vende todo victimizado que teme a que algo pasará y no tendría otra que mentir fabricando sueños, referenciar a su hija, historias, etc.

Un tema que no mucho se habla en lo Clínico es la mentira durante sesión, la mitomanía, la búsqueda de grandeza narcisista. Transferencias complejas a veces psicopáticas, donde el paciente persigue a su analista ocultado para ver qué hace, para en sesión decirle de formas indirectas algo que le deje dudas si es coincidencia o no, fabricando en su transferencia la compuerta perversa de alojar paranoia dejándolo en la duda a su analista. Como lo que hizo Žižek con la hija de Miller "Eve Miller" usando la película de Bette.
Žižek se comporta en ese tipo de pacientes que buscan juegos mentales manipuladores, todo para no hacer sesiones, incluso dispararse en el pie para que así se le dispare al otro y sucumban los dos sin salida transferencial.
 
Francamente, de los lacanianos este tipo de transferencias no me llaman tanto la atención, tomando ya en cuenta sus estafas, sus mentiras y sus típicos fanatismos sectarios.
Eso sí, solo me queda una única cosa que me pregunto: ¿Los tics compulsivos de Žižek fueron antes o después de acudir con el yerno de Lacan J.A Miller? ¿O sus Tics son exageraciones teatralizadas actuando como personaje "sabio" que para reflexionar se sumergería a lo más hondo de sus pútridas entrañas para decir algo revelado, desciende a los mismos infiernos de Dante para decirte revolcándose en vivo, lo que es el sufrir y lo ominoso del goce? ¿Otra mentira sobreactuada suya más?

jueves, 5 de febrero de 2026

Foucault vs Derrida

El Debate entre Foucault vs Derrida. Creo que es un malentendido donde la culpa la tuvo Derrida. Derrida se expresa de forma extremada, provocativa, para luego, como siempre, matizar, des-decirse, des-dibujarse, auto-corroerse para así ejemplificar la deconstrucción de cada discurso en los malentendidos del sujeto como prueba de.
Foucault, tal como Searle también, pisaron el palito, la trampita de discutir aquellos ruidos extravagantes de Derrida frontalmente. Sus contra-respuestas hacia Derrida (las cuales estoy de acuerdo en sus conclusiones), Derrida tuvo a su defensa lo post, lo posterior para desdibujar lo que otros le "malentendieron" de su: "no hay fuera del texto".
En este sentido, creo que Foucault es ganador ante Derrida. Además por los aportes y su producción, Foucault gana terreno al detallar aspectos del Poder, sus instituciones y lo latente de la servidumbre.
No olvidemos que Derrida tuvo un vergonzoso actuar en su defensa a Paul de Man.
Más allá si uno concuerda con Foucault en toda su conclusión o episteme anti-humanista (cosa irónica, pues Foucault imitó a Derrida, pues ante Habermas, Foucault hizo LO MISMO que Derrida en cuanto des-decirse, des-dibujarse y confrontar al gran Kant con el HUMANISMO que tanto deploró justo antes de fallecer), abrió áreas que pocos se atrevieron a discutir, compuertas que muchos le debemos entre las distintas disciplinas de las Humanidades o Sociales.

miércoles, 28 de enero de 2026

Salto al vacío del Acontecimiento en la Nada del acting Lacaniano

La "Activación Conductual" del Conductismo tiene por creencia, que para "salir" de la Depresión hay que moverse, hacer acto, acting, ya después de, advendrá la dichosa disminución de la Angustia o Depresión.
En Lacan hay algo similar, en cuanto al Fantasma y al Síntoma. Pues son rumiantes aplazadores del acto, ceden al deseo. Esa frase típica de "no ceder ante el deseo" tan propia de la secta Lacaniana, no es inocente. Encubre todo un imperativo moral de lanzarse al vacío hacia la nada como apertura del "Acontecimiento" nuevo por lo Real.
 
El Acontecimiento en Lacan es un intervalo, una hiancia, un hiato que rompe en Sincronía. Vale decir, el corte de sesión, el acting psicodramático del analista, sirven a estos fines emulándolos.
El "Acto" se opone a "no ceder ante el deseo", deseo como costado vacío del objeto a en la Demanda reiterativa, hacer acto como atreverse a un nuevo Acontecimiento desde saltar a lo desconocido. Mientras el Síntoma sería aquello que impide el acto por su rumiación. Se consigna el "atravesar el Fantasma" como una vía de salida a una "tierra prometida". Cuando su verdad o saber al romper su pantalla al barrar, es un hiato que envuelve el vacío nihilista de un desencuentro por barradura del Otro y por ende al $ujeto mismo ahuecado como casillero vacío que desplaza de un ste a otro sgte (S1 a S2) en una Falta que no coagula. Esto, con la promesa que al atravesar, en su traspaso, la verdad será con menos angustia "Real", sin nudos sintómaticos, pues las máscaras que encubren desde lo Imaginario ya no hacen el mismo efecto de aplazar. Gracias al agujero con su centro de nada, se perpetua la movilización de los significantes sin fin, donde la detención coagulada de un "yo" identificatorio o compromiso sintomático ya no tendrán lugar por concluir. Las capas del Fantasma Fundamental corrompen su cuadrante que sostiene el marco fantasmático.
Por eso la cadena no debe perpetuarse en infinitos S1-S2-Sn... que serían rellenar con Imaginario-Simbólicos, hay que romper-cortar el S1 // S2 con el Conductismo del Corte, Actuar sin interceder ante su deseo, atravesar su Fantasma o "EL" singular Fantasma fundamental.
 
El Acontecimiento nuevo requiere del vacío-nada, siempre va a tope con lo Real, pues solo en el vacío, en el Acontecimiento ocurre algo nuevo (Teología Ex-nihilo, de la nada algo sale de la nada mágica pura), puesto que al mediar con los significantes-cadena se puede seguir infinitamente. Así, se buscará aquel intervalo mágico del Acontecimiento y su nada para darle un torcimiento más definitivo (vía corte sesión, acting psicodramático del analista) para ir su pasaje al acto que lo "des-aliene" vía "afánisis desfalleciente".
El Salto al vacío a lo "Real" como acto de Acontecimiento nuevo, la cadena discursiva en algún punto se hace corte. Ese actuar activado, haría que surja un nuevo ser creado mediante el vacío indómito indiferenciado en agujero barrado.

En Sistémico es asegurar un Cambio 2 frente a los Cambio 1 cosméticos (cambio 1 serían del tipo pan de hoy y hambre de mañana). Con la diferencia que la episteme Sistémica (y el Conductismo en general) su medio de alrededor bio-psico-social-ecológico acobija un cambio de ruta que mantenga el nuevo circuito en morfogénesis, pero, en Lacan es un Vacío EN-SI a priori que de la Nada haga algo. Un salto a lo desconocido, atravesando lo que regularmente se titubea de sí. Un corte al riesgo, expulsar o hiper-castrar para que acontezca el nuevo acontecimiento SABOREANDO LA NADA