La líbido o pulsiones no es una especie de "bilis negra" griega o sustancia-pura ni aislado-ente que se mueve por el ser humano como entelequia homuncular. No es un fluido diferente al conjunto de procesos metabólicos como presión sanguínea, hormonas, circuitos o conexiones sinápticas, sistemas digestivos, etc.
La libido tampoco es un elemento en-sí que explica las transformaciones múltiples del animal homínido por sí solas, evidentemente, Freud resaltaba la Cultura (y su malestar) y el yo auxiliar del cuidador que ayuda al bebé a destetarse a modo discontinuo (pero a su vez gradualmente tolerable) en esa continuidad "lo suficientemente buena" entre cuidador-hijo, que en el fondo, nunca es totalmente continua-lineal, pues "Ello" siempre empuja más allá, rebalsa más allá, excede más allá (no son vacíos o nadas mágicas francesas).
Evidentemente por cuestiones de época, a lo largo de su Obra completa, Freud comienza a distinguir aquella líbido que inicialmente integró a varias cosas en el mismo saco, tales como afectos, sinapsis, metabolismo, angustias, voluntad, etc. Sin poder distinguir por limitaciones de su época qué sustancias-fluidos móviles y órganos materialmente "más sólidos" (no tan móviles) son para cada una de ellas en la biología. Por lo cual, era común que Freud a falta de ese conocimiento científico, Freud volviera a remitir dichos conceptos generales de pulsión o líbido. Por ejemplo, en 1937 Freud habló de la "viscosidad de la líbido" en las personas adulto mayores por la dificultad en sus antiguas fijaciones, poder desprenderse con mayor facilidad hacia nuevos gustos o aprendizajes. Hoy en día esto puede ser debida a una demencia senil, alzheimer, depresión del adulto mayor, decrecimiento de facultades cognoscitivas, envejecimiento celular, etc. Freud en su época usaba dicho concepto como aproximaciones a niveles empíricos, pero ciertamente, Freud en su obra completa siempre tuvo en cuenta dicha limitación de sus saberes, pero no por ello, no podía continuar con sus investigaciones.
Freud incluso llega a decir que será importante (adelantándose al futuro de los psicofármacos psiquiátricos como conocemos hoy), cuando la ciencia logre modificar la líbido del ser humano para ciertos malestares. Es decir, Freud veía como un cambio radical, lo que ya hoy nos aporta un ansiolítico, anti-psicótico o un anti-depresivo en ciertos pacientes. Obviamente, esto sin olvidar la importancia de la Talking Cure, pues la salud mental, como siempre defendió Freud, no es una cosa de pura biología únicamente.
Freud jamás abandonó la neurología o la biología como fundamentos del psicoanálisis, pero, eso no quiere decir que el psicoanálisis se sustituya por ésta como método clínico de exploración vía asociación libre, construcción, interpretación, etc, etc.
Si definimos a lo último como "metafísico", entonces, la biología sería "metafísica" frente al electrón o la cuántica, pues la pura biología sin otros emergentes, no explica por completo el complejo tejido del ADN y su evolución ramificada entre las especies vivas. Por tanto decir que Freud es "Metafisico" por explorar emergentes que van más allá de la neurología, sería ampliar laxamente dicho concepto hacia la absurda contradicción.
Por otra parte, la líbido en la animalidad humana al ser tan compleja en su constitución en su paso del bebé a la adultez, se distingue entre otros mamíferos que tienen una marcada fijación instintiva casi-perfecta de regulación o estadios evolutivo rígidos. Allí lo humano se diferencia bastante frente otras especies.
Recordar que Ello, es fuerza constante o empuje del organismo que autopoieticamente frena-retrasa la entropía circundante del desorden térmico. Freud definió el Ello como el cruce entre el metabolismo y lo exógeno del ambiente (temperatura, sustancias, lesiones). Vale decir, Ello es otra cosa si consume una droga como cocaína o una sustancia como Ketamina o anestésicos, por ejemplo.
Nuevamente, la líbido no es una fuerza continua-lineal pura en-sí, el metabolismo se distribuye en diversas intensidades y se ramifica en huellas mnémicas. La "líbido" es materia móvil, pero a modo diferente que un órgano "fijo" (tejido resistente o más estable).
Pues de otro modo, ¿cómo existe el movimiento o la entropía si todo fuese materia inmóvil o de elementos discretos puros encapsulados en-sí? Recordemos que el cuerpo humano está más conformado de fluidos que de materia sólida.
Si pensamos que materia es a su vez energía, no toda materia tiene la misma facilidad en movilizarse y comunicar con los diversos sistemas complejos. Se requiere un red ramificada compleja múltiple de vasos comunicantes, para los neurotrasmisores (barreras de contacto sinápticas, hormonas, aminoácidos, plasma sanguíneo, etc. De forma acertada o poco acertada para su época, Freud llamó a todo este cúmulo de procesos complejos como "líbido". Esto no quiere decir que en su conjunto sea una sustancia fluida a lo bilis negra como ente puro.
Como vemos la lógica de la biología en su conjunto no es explicable a los meros neutrones, así mismo, la subjetividad o lo psicosocial, no es comprensible desde meras neuronas. Si bien Freud iba más allá de la neurología de su época a través de "parálisis histéricas o conversiones", eso no quiere decir, que mente-cuerpo se separen o que los procesos de represión o conversivos resulten de algo por fuera de todo alcance biológico-social.
Si queremos seguir empleando el término de “Líbido” tal como lo usa el psicoanálisis, valdría emplearlo como energía (movimiento) metabólica (metabolismo) y no como si fuera un ente sustancial abstracto de energía (menos aún como agujero vacío en modas de Lacan). Así como el término líbido guarda relación más bien con el apetito o energía sexual (Freud en su época no tenía conocimientos detallados sobre la testosterona en su función de apetito sexual), aquella remite a su complejo proceso electro-químico y hormonal. No se manifiesta en la bioquímica elementos puros de una pulsión o una sustancia de líbido, más bien, son generalidades de un cúmulo de síntesis en neurotransmisores, hormonas y calorías. Por ejemplo, en un cuadro maniaco, el gasto calórico o energético es mayor, su metabolismo está alto o podríamos decir, su líbido o campo libidinal presenta una fuerte alza. Al revés, de lo que sería en un cuadro De-presivo con baja presión o tensión, de bajo gasto calórico o energético, donde su proceso libidinal se encuentra disminuido.
Desde esta perspectiva, tal como Freud en sus inicios estudió la relación mente-cuerpo en la conversión histérica, no es del todo viable separar psique-soma por completo. Por esta misma razón, Freud (1915) se refirió a la pulsión como lo que está entre lo psíquico y lo somático. De este modo, podemos entender la “pulsión” como una tensión o empuje desde una diferencia potencial (voltaje) en búsqueda de descarga a un objeto o serie de objetos-huellas posibles (tema que detallé en el Capítulo VII de mi libro: El regreso a Freud tras el extravío de Lacan)
Podríamos resumir que las tres categorías de afecto, frustración-tensión y angustia, tienen su raíz común en la libido o en las distintas mociones pulsionales. Mientras el Afecto es manifestado como una descarga, en el frustración-tensión se manifiesta como un intento desesperado o impulsivo de conseguir placer con una descarga por consecuencia silenciosa al “Yo” y mortífera al Cuerpo. Y en la Angustia, se manifiesta como un desborde pulsional, un "avinagramiento del vino" descargado o como una “señal de angustia” proveniente del Yo. Cada una de ellas con distintos grados de simbolización o ligazón.
Hemos de entender por tanto, que la Angustia emerge desde distintos puntos o circunstancias que pueden conjugar con otras variables (afectos o sentimientos) en distintos grados de intensidad.